#VacanciaPresidencialYa ("ESPECIAL")

 

La semana pasada aparecieron colgados en varios puentes de Lima cartelones grandes con la frase #VacanciaPresidencialYa.

Fue iniciativa del colectivo fujimorista “La Resistencia”, que hasta antes del inicio de la pandemia viral COVID-19 en el Perú se caracterizaba por grotescos ataques públicos a adversarios políticos. El hecho casi no apareció reseñado en los medios de comunicación y sólo se difundió a través de las redes sociales Facebook y Twitter.

No tengo simpatías por “La Resistencia”, pero estoy de acuerdo: ese “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018 debe irse. Reconozco que es una opinión minoritaria. La mayoría de peruanos y peruanas no cree o no quiere que el “aventurero” renuncie o sea destituido por el Congreso. Si usted tiene esa línea de pensamiento, no le preguntaré por qué el “aventurero” debe irse sino invertiré la pregunta: ¿por qué el “aventurero” no debiera irse?. Apelaré al método filosófico de la mayéutica: descubrir la verdad con preguntas.

¿El “aventurero” y su Gobierno tienen relativo éxito enfrentando la pandemia?, ¿el Perú es aplaudido en el extranjero?, ¿el “aventurero” se ha rodeado de los mejores especialistas?, ¿el “aventurero” y su Gobierno han “corregido” la estrategia anti-pandémica cuando vieron “errores”?, ¿el “aventurero” y su Gobierno aprovecharon estos cinco meses y medio para comprar hospitales de campaña, pruebas fidedignas para descarte del virus, ventiladores mecánicos, plantas de oxígeno medicinal y medicamentos?, ¿el “aventurero” nunca ocultó la magnitud de la pandemia y la letalidad del virus?, ¿el “aventurero” aprovechó sus “conferencias de prensa” diarias para aclarar todas las interrogantes de los periodistas sobre la pandemia?, ¿el “aventurero” y su Gobierno nos informaron desde el inicio la cifra verdadera de contagios y fallecidos?, ¿el “aventurero” no ha abusado del Estado de Emergencia y el toque de queda y su Gobierno ha hecho seguimiento de los casos de infectados y montado “cercos epidemiológicos”?, ¿el “aventurero” y su Gobierno han dotado a médicos y enfermeras con mascarillas, ropa protectora y frecuentes pruebas para descartar el virus?, ¿el “aventurero” y su Gobierno no jugaron con expectativas (martillazos, mesetas, picos, vacunas), armaron “circos” (como el fútbol) ni impidieron que la sociedad procese el duelo por tanta muerte, de acuerdo a nuestras religiones y/o tradiciones?.

Asimismo, ¿el “aventurero” y su Gobierno pensaron bien que el confinamiento general en casa arruinaría miles de empresas y negocios y dispararía el desempleo?, ¿el “aventurero” corrigió el fallido reparto de canastas de víveres por los gobiernos locales y el ineficaz reparto de bonos a través de bancos?, ¿el “aventurero” y su Gobierno están alentando la inversión privada para salir de la durísima recesión económica?, ¿el “aventurero” y su Gobierno están gastando prudentemente el dinero público (más de 60 mil millones de soles) y no finalizaríamos el año con un déficit fiscal de 10%?, ¿el “aventurero” y su Gobierno se preocupan por los 6 millones de desempleados?.

Si su respuesta ha sido NO, vuelva a invertir mi pregunta. Ahora le diré mi principal motivo: el “aventurero” es un enemigo del Perú. La reciente campaña propagandística abominable de su Gobierno contra la pandemia no está diseñada para unirnos a todos en un mismo objetivo sino para “señalar culpables”. Demuestra cómo el “aventurero” ha triturado la autoestima nacional (el amor por el Perú y el sentimiento de peruanidad), que tanto costó despertar (estaba algo lastimado), y nos divide entre “buenos” y “malos” (él siempre es “bueno”), como en los periodos más oscuros de nuestra Historia, atacando hasta el núcleo de la sociedad: la familia.

El “aventurero” debe irse.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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