Cuando el año pasado escribí artículo sobre el
economista Julio Guzmán y sus aspiraciones presidenciales, pensé que no pasaría
de “Otros”. Hoy, según las encuestadoras CPI, DATUM e IPSOS-Apoyo, su
candidatura es quinta en intención de voto para las elecciones generales.
El trabajo en las redes sociales Facebook, Twitter y YouTube dio resultado. En cierta medida,
Guzmán ha logrado lo mismo que para las elecciones generales de 2011 logró el
economista y ex ministro de Economía y Finanzas, Pedro Pablo Kuczynski:
entusiasmar a cierto sector juvenil y limeño del electorado con una cara nueva,
un mensaje genérico, una sonrisa indeleble, un perfil tecnócrata liberal y sin
pasado político. De ahí que Guzmán habría crecido, a costa de votos a Kuczynski,
candidato presidencial por segunda vez.
Todavía creo que Guzmán es un aventurero político. Un egocéntrico
con alucinación mesiánica y mucho voluntarismo. Quienes lo han conocido cuando
fue Viceministro de PYME e Industrias y, posteriormente, secretario general de
la Presidencia del Consejo de Ministros lo describen como un sujeto prepotente
y que fácilmente cae en la frustración.
Ese discurso de Guzmán llamando “dinosaurios” a sus
contrincantes (varones, supongo) es propio de quien no cree en la pluralidad de
opiniones. Al mismo tiempo, es cínico, porque él está jalando a otros “dinosaurios”,
como el viejo economista Francisco Sagasti, el ex diputado Áureo Zegarra y
hasta el veterano cómico Efraín Aguilar. También es indeciso, porque dijo y se
desdijo sobre el mecanismo de “consulta previa” a comunidades campesinas o
nativas cercanas a proyectos de exploración y explotación en minería e
hidrocarburos. Improvisado, porque no sabe si propondría un “pilar solidario” al
Sistema Privado de Pensiones ni qué haría con la Unidad de Inteligencia Financiera
de la Superintendencia de Banca y Seguros. ¿Qué se puede esperar de alguien que
pone en su “plan de gobierno” que la primera prioridad es “garantizar la felicidad
de todos los peruanos”?.
Asimismo, declaraciones a dos cadenas de noticias
extranjeras muestran un extraño servilismo hacia Israel. No sólo al hablar de “israelíes”
en primera persona y “peruanos” en tercera sino acusa a un congresista de
apellido árabe (¿Daniel Abugattás?) haber “boicoteado” un
acuerdo comercial con Israel y ese acuerdo que él sí impulsaría reafirmaría la
postura diplomática peruana a favor de la causa israelí frente al tradicional
conflicto con los palestinos. Mejor dicho, Guzmán sería tan torpe e
irresponsable de pretender atar la política comercial con la exterior y traer
al Perú las disputas del Medio Oriente.
Para colmo, se estaría rodeando de “rojimios”, como el
ex regidor metropolitano Marco Zevallos, el congresista Sergio Tejada y el actual
regidor metropolitano Augusto Rey y hay quienes creen que la buena imagen que
aún tiene del Presidente de la República y su Gobierno para el cual trabajó lo
convierte en un posible candidato oficialista “encubierto” y eso afectaría la
lucha contra la corrupción.
Si Julio Guzmán es una moda, ojalá pase pronto.

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