Perú Posible: el último en salir apague la luz


Juan Sheput renunció a Perú Posible. El motivo sería el profundo deterioro moral del partido político y la vergonzosa derrota en las últimas elecciones municipales y regionales.
 
Sheput fue Ministro de Trabajo y Promoción del Empleo entre 2005 y 2006, durante el gobierno de Alejandro Toledo. Ingeniero industrial de profesión y lúcido comentarista político, era una de las cabezas más brillantes del partido. Anteriormente, se marcharon Luis Solari (ex Ministro de Salud y católica ultramontano), David Waisman (ex congresista y empresario judío “populachero”), Cecilia Tait (ex voleibolista olímpica, congresista y “sin pelos en la lengua”), Henry Pease (sociólogo, veterano político, ya fallecido), Gloria Helfer (Ministra de Educación en 1990, ex congresista, quien cambió de lealtad), Anel Townsend (ex congresista e inquieta tránsfuga), Carlos Bruce (congresista, empresario, quien confesó su homosexualidad), etc.
 
En la historia política del Perú nunca hubo un partido político con semejante sangría de líderes: sólo comparable a la extinta Democracia Cristiana en las décadas de 1960 y 1970. Es imposible entender este fenómeno sin reconocer que Perú Posible está sometido a la caprichosa voluntad de Toledo, su jefe fundador. Perú Posible fue el vehículo del líder máximo y su “encantadora” esposa belga para llegar al poder en 2001. También fue usado por personajes indeseables (¿recuerdan a Víctor Valdés, aquel congresista que juraba poseer una biblioteca valuada en un millón de dólares?) para beneficiarse o cometer fechorías.
 
El propio Toledo ha utilizado a Perú Posible como instrumento político y escudo defensivo: cuando le convino, pactó electoralmente con Acción Popular y Somos Perú. Después se alió al Presidente de la República y se volvió socio del Partido Nacionalista para mantenerse políticamente vigente. En 2013 apoyó el NO durante la campaña para la revocación del mandato de la alcaldesa de Lima, Susana Villarán, y este año pactó una alianza con ella, aplastada en las urnas.
 
El caso ECOTEVA (compra sospechosa de inmuebles desde Costa Rica por la suegra de Toledo en 2009) y los supuestos nexos del congresista José León (quien en 2003 renunció al Ministerio de Agricultura cuando la prensa denunció que su hijo tenía un prostíbulo disfrazado de hostal en La Libertad) con un narcotraficante mexicano acabaron con el poco prestigio del partido.
 
En Perú Posible aún quedan el ex congresista Carlos Ferrero, el parlamentario andino Javier Reátegui o el congresista Daniel Mora, pero cada vez son menos líderes. Maliciosamente, el congresista Héctor Becerril calificó a Perú Posible como un “partido de delincuentes”. Hay gente decente y no tan decente. Además, nunca ha sido un partido, porque los partidos políticos se someten a estatutos, persiguen idearios y objetivos programáticos, promueven el intercambio de opiniones y el debate y buscan canalizar expectativas ciudadanas en elecciones, referendos y otras consultas populares.
 
Nada de eso ha sido Perú Posible. Sólo un membrete y un logo para el recuerdo.

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