El final. Con 105 votos a favor, 19 en contra y 4 abstenciones, el Congreso aprobó la destitución por “incapacidad moral permanente” de ese “aventurero”, Martín Vizcarra, llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018.
Al momento de escribir estas líneas, Manuel Merino de Lama, presidente del Congreso, juramentó como Su Excelencia, el Presidente de la República, en el Palacio Legislativo. También recibió el reconocimiento de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. Después se trasladó a su despacho en el Palacio de Gobierno. La democracia restaurada en 2001, muy magullada, sobrevive. La Constitución de 1993 y las instituciones, una vez más, funcionaron. Siento alivio, no alegría, tras la nueva sucesión constitucional. Este interinato durará hasta el 28 de julio del próximo año.
¿Cómo cayó este “aventurero”?. Ante el segundo proceso de destitución en el Congreso, el “aventurero” se desesperó. Después trató de minimizarlo. El domingo, un día antes, tres programas nocturnos de televisión, revelaron más detalles sobre los supuestos sobornos recibidos y demás detalles oscuros de su trayectoria política. Por orden del “aventurero”, el Palacio de Gobierno publicó un comunicado denunciando un “ataque sistemático de la prensa”. La vulnerabilidad era evidente. Acudió al Congreso, pero no para explicar las denuncias en su contra sino para justificar arrogantemente por qué no debían destituirlo.
La congresista Zenaida Solís ha expresado bien lo que pasó: muchos congresistas estaban indecisos con la destitución. Quería oír primero al “aventurero”, pero éste fue con un discurso agresivo y provocador (habló de 68 congresistas con investigaciones fiscales) y no se lo aceptaron. Las palabras más oídas durante el debate: no al “chantaje”. Si el “aventurero” pretendió amilanar al Congreso con su “chulería”, todo le resultó mal. Creo él no pensó que la destitución prosperaría. La votación a favor resultó mayor que la esperada por los promotores.
En 2003 una sentencia del Tribunal Constitucional reguló el proceso de destitución presidencial por el Congreso para hacerlo "garantista". En 2017 el Congreso intentó fallidamente la destitución del presidente Pedro Pablo Kucyznski. Ante un segundo intento al año siguiente, Kucyznski renunció. Todos los procesos de destitución se han hecho bajo la Constitución de 1993. Gritar hoy “golpe de estado” como hacen los defensores del “aventurero” es una infamia.
Cuando se aprobó la destitución, el “aventurero” estaba en el Palacio de Gobierno tras volver rápidamente desde Junín. Parece quiso resistir. Se reunió con sus ministros y hasta convocó al alto mando militar, pero éste último no asistió. Hablaron de pedir una medida cautelar al Tribunal Constitucional, pero cuando fueron enviadas las notificaciones oficiales sobre la destitución, todo había acabado. Tras una breve rueda de prensa, el “aventurero” anunció que aceptaba la decisión del Congreso y se iría. Esta resignación no lo vuelve un “demócrata” (como cree el periodista Eloy Marchán) sino que no tenía otra alternativa. Después ha cuestionado la legitimidad de su sucesor.
Tanto en Lima como otras ciudades ha habido manifestaciones de alegría y protestas algo violentas en contra (juventud azuzada por ciertos políticos y algunos medios de comunicación), pero la gran mayoría de la población desconfía. Tareas urgentes del nuevo Gobierno: la pandemia viral COVID-19, la recesión económica y la estricta neutralidad en el venidero proceso electoral.
Espero
sinceramente que la caída del “aventurero” y sus treinta meses del “reinado de
la mentira” sean el final de una larga y destructiva guerra político-ideológica
iniciada en 2016, que no ha hecho más que dividir a la nación. Dios bendiga al
Perú.
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