A 140 años de la guerra contra Chile ("ESPECIAL")


No quería dejar transcurrir abril sin mencionar un hecho significativo en la historia del Perú.

El 05 de abril se cumplieron ciento cuarenta años del inicio de la guerra contra Chile, que los historiadores llaman la “Guerra del Pacífico”: el mayor conflicto bélico que enfrentó el Perú, el cual lo marcó permanente, como a Bolivia y Chile.

Una guerra que, sin embargo, hubiésemos podido evitar. Si el ex presidente de la República y presidente del Senado, Manuel Pardo, no hubiese sido asesinado en 1878 hubiera alertado su equivocación al creer que “Bolivia” y “Argentina” eran nuestros mejores “acorazados”. Si nosotros, los peruanos, no nos hubiésemos atado a ese tratado defensivo “secreto” de 1873 con Bolivia y Argentina contra Chile, que al año siguiente fue aprobado por el Senado y la Cámara de Diputados, pero cuyas actas de sesiones desaparecieron sin rastros. Ese nefasto tratado, que los chilenos conocían por obra de Brasil, nos hizo acudir en ayuda de los bolivianos, quienes desataron el conflicto violando el tratado limítrofe de 1874 que firmaron con Chile.

Esta guerra estuvo perdida para el Perú desde el inicio. Si no la hubiésemos iniciado con un golpe de estado, violando la Constitución de 1860 y destruyendo la precaria institucionalidad, la conducción político-militar hubiera sido muy diferente. El Congreso no funcionó hasta 1881. La Presidencia de la República pasó por los manos del general Mariano Ignacio Prado, el general Luis La Puerta, Nicolás de Piérola, Francisco García Calderón, el contralmirante Lizardo Montero y el general Miguel Iglesias. La petición del alcalde de Lima, general Rufino Torrico, en 1881 a las tropas chilenas para que entren a la ciudad y restablezcan el orden público ante las matanzas de chinos por cholos y negros y los saqueos es un ejemplo del caos y la anarquía en el país.

También fue una guerra que pudo acabar antes. Si tras las conversaciones del acorazado Lackawanna en 1880 (con la mediación de los Estados Unidos para contener la injerencia de Gran Bretaña), hubiésemos desconocido el tratado de 1873 y aceptado la paz que, en ese momento, Chile quería (ceder Tarapacá y aceptar la ocupación de Tacna y Arica hasta que el Perú pagará las indemnizaciones de guerra), no hubiese habido ocupación militar de Lima. No fue así y perdimos Tarapacá, dijimos adiós a Arica, recuperaríamos Tacna en 1929, sufrimos la humillante ocupación militar más los despojos de guerra y, encima, pagamos indemnizaciones. Sin contar que, para 1883, año del final de la guerra, el tesoro público estaba en bancarrota y la infraestructura económica y el aparato productivo habían sido arrasados.

Una guerra que no supimos finalizar. La resistencia andina del general Andrés Avelino Cáceres entre 1882 y 1883 como “guerra de guerrillas” infringió varias derrotas y bajas a la soldadesca chilena, pero con grados de crueldad y salvajismo que horrorizaron a los chilenos y los peruanos de Lima. Una carnicería que no hubiera cambiado el curso de la guerra.

En fin, fue una guerra en la cual muchos peruanos lucharon con valentía y sacrificio, pero sin necesariamente pensar en el Perú: lucharon por caudillos, familias, tierras. No obstante, surgieron grandes héroes nacionales: el almirante Miguel Grau y el coronel Francisco Bolognesi. Fue una guerra narrada con mitos y distorsiones. Una guerra causante de miles de muertos, centenares de heridos o mutilados y muchísimos desaparecidos. Una guerra trágica e infausta, de la cual renació el Perú, pero cuya gravitación ha perdurado más de un siglo.

Todo comenzó el 05 de abril de 1879.


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