¿Es el “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018 un “rehén”: de la izquierda radical?.
Así lo cree el ex congresista Juan Sheput, quien expresó a través de la red social Twitter su malestar, porque el “aventurero” ratificó su confianza en el Ministro de Salud, un “rojo” malvado e inútil a quien el (amenazado) Colegio Médico y los gremios médicos no pueden verlo ni en fotografía. Por el contrario, en su última “conferencia de prensa”, el “aventurero” dio las declaraciones más alucinantes, casi delirantes, que he oído recientemente: a pesar de las terroríficas cifras oficiales sobre los números de contagiados, hospitalizados y fallecidos por la pandemia viral COVID-19 en el Perú, ese aspirante a psicópata dijo que hemos llegado al “pico” del virus, la “meseta”, y la “curva” comenzará a bajar. Es una aberrante mentira revestida de ciencia, propalada por el mediático Elmer Huerta, un propagandista disfrazado de médico.
Creo Sheput se equivoca. Un sujeto tan paranoicamente desconfiado como el “aventurero” no se alía con nadie. Es preciso estudiar su psicología personal, no ver la acción y reacción del Gobierno nacional como una clásica confrontación ideológica izquierda-derecha. Entonces, ¿por qué hay “rojos” y “rojimios” apoyando al “aventurero” y hasta participando en el Gobierno?.
Respuesta simple: el “aventurero” no tiene otra alternativa. Sectores de derecha moderada y derecha conservadora lo rechazan e, incluso, lo odian. No olvidan la “claudicación” de su Gobierno en Arequipa acerca del proyecto minero Tía María y, por supuesto, cómo se “cargó” el Congreso decididamente opositor el año pasado. Ambos sucesos, por supuesto, aplaudidos por la izquierda radical y también la izquierda moderada, la última muy influyente en los medios de comunicación. Esa “confluencia” (como gustan decir a “rojos” y “rojimios”) no significa alianza o cogobierno.
En la década de 1970 la dictadura del general Juan Velasco Alvarado dio algunas cuotas de poder en la administración pública a sectores de izquierda radical, pero Velasco nunca soltó las riendas del poder. El gobierno de Ollanta Humala repitió la fórmula en 2011, pero la izquierda radical acabó expectorada. Actualmente, el “aventurero” ha dado cuotas de poder a “rojos” y “rojimios” en el Ministerio de Salud, además del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, el Ministerio de la Mujer, el Ministerio de Cultura, el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo y hasta el Ministerio de Educación, pero nunca lo haría con el Ministerio de Economía y Finanzas, el Ministerio de la Producción, el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, el Ministerio del Interior o la Presidencia del Consejo de Ministros, porque ahí quiere “incondicionales”. De lo contrario, él perdería el poder.
“Rojos”
y “rojimios” lo saben y sólo pueden aprovechar esas cuotas para preparar su
“toma del poder”. El “aventurero” tiene las riendas del poder, porque éste puede
darse el lujo de reclutar a la izquierda radical para obedecer, pero no para
mandar.
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