Con 7 votos en contra, 4 a favor
y 2 abstenciones, la Comisión de Justicia y Derechos Humanos del Congreso
archivó el proyecto de ley sobre unión civil entre personas del mismo sexo,
última iniciativa legislativa al respecto presentada el año anterior por el
congresista Carlos Bruce.
El proyecto de ley sólo
establecía el régimen patrimonial de la sociedad de gananciales establecido en
el Derecho Civil a las parejas del mismo sexo permitiendo la mancomunidad y
herencia de bienes y el acceso como concubinato a la seguridad social y los
fondos de pensiones. No había artículo alguno en el texto con los términos “matrimonio”
u “adopción” (si lo hubiera habido, violaría la Constitución de 1993), por lo
que no es “matrimonio igualitario”, como en Argentina desde 2010.
Importante aclararlo, porque el
rabioso rechazo a la iniciativa se escuda en la gastada “defensa de la familia”.
“La unión civil atenta contra la familia”, exclamaban los jerarcas de la
Iglesia Católica (el oscurantista cardenal Juan Luis Cipriani dijo que el
modelo económico heredado de la década de 1990 y la red social WhatsApp también “atentan contra la
familia”) y las iglesias evangélicas, junto a homofóbicos y fanáticos
religiosos con escaños en la Cámara. Mientras sucedía el debate, afuera del
Palacio Legislativo decenas de manifestantes a favor y en contra gritaban
consignas. Al saber que la mayoría de congresistas votó por el archivamiento
del proyecto de ley, los opositores aplaudían y saltaban de felicidad, como si
hubieran ganado una batalla teológica contra las fuerzas del mal para el Perú.
En realidad, estas personas que
se creen espiritualmente superiores a los demás por leer la Biblia (aunque no
la entiendan y hasta la malentiendan) no han ganado nada. Tarde o temprano, la
unión civil entre personas del mismo sexo se aprobará. América Latina se está
volviendo más abierta y tolerante al respecto. Colombia en 2007 (a través de la
Corte Constitucional), Uruguay en 2008 y Ecuador el mismo año (con la
Constitución de 2008), Brasil en 2011 (a través del Supremo Tribunal Federal) y
Chile en enero pasado aprobaron la unión civil. Podrían sumarse Bolivia, Costa
Rica, Panamá y Venezuela. Por supuesto, esta evidencia nunca convencerá a
quienes tienen una visión escatológica del mundo.
La Historia se repite: ¿cuánta
resistencia eclesiástica hubo a las registros civiles antes que se aprobaran en
1892?, ¿cuánta virulencia se esparció desde púlpitos y cartas pastorales contra
el matrimonio civil para no-católicos antes de 1897 (en 1936 se extendería a
todos)?, ¿cuánta intolerancia hacia minorías religiosas pregonó la Iglesia
Católica en 1915 contra la “tolerancia de culto” (la “libertad de culto” con la
Constitución de 1979 no tuvo mayor oposición), ¿cómo se proclamó tercamente que
el “orden natural” se trastocaría si las mujeres obtenían el voto en 1932?.
Creo que la unión civil se
aprobará en el futuro, pero temo que cuando ocurra no será una buena pieza
jurídica sino mamotreto leguleyo por haberlo hecho “a la carrera” y con “sangre
en el ojo”.

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