A pesar que fueron dos días largos días de discursos
primarios, poses de soberbia y palabras altisonantes, con 121 votos a favor,
dos en contra y una abstención, el Congreso otorgó la “cuestión de confianza”
al gabinete ministerial.
Sin contar el oficialismo, el APRA, Acción Popular (al
margen del congresista Víctor Andrés García Belaunde, quien cada vez que abre
la boca le “salen sapos”) y Alianza para el Progreso (el hilarante congresista
Edwin Donayre arrancó algunas carcajadas) habían avisado de antemano que
votarían a favor. El Frente Amplio, la facción de izquierda radical con bancada
parlamentaria, anunció que “escucharían primero” y el fujimorismo, con la
mayoría absoluta en la Cámara (73 congresistas), se hizo el “exquisito”.
Definitivamente, el fujimorismo abusará de la mayoría
absoluta. Lo veía venir. En países con poca tradición democrática como el Perú,
las mayorías parlamentarias siempre son abusivas. En la década de 1980, Acción
Popular y el Partido Popular Cristiano primero y, después, el APRA abusaron de
las mayorías absolutas en el Senado y la Cámara de Diputados. El fujimorismo,
que encima tiene escasa trayectoria democrática, agrava la situación.
El Presidente del Consejo de Ministros y sus ministros
se presentaron a la Cámara con su plan de acción al año 2021. Entre otros
objetivos, hablaron de eliminación de la pobreza extrema, reducción de la
pobreza nacional de 22% a 15%, reducción de la anemia y desnutrición infantil, “afrontar sin titubeos el incremento de la
inseguridad ciudadana y de la corrupción”, y el ingreso a la (OCDE), la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. Se resaltó el
legado de la década de 1990 y los gobiernos de Valentín Paniagua, Alejandro
Toledo, Alan García y Ollanta Humala.
Sin embargo, los fujimoristas exigían detalles de cada
política pública a ejecutar, como si fueran a “cogobernar”. También resaltaban sólo
las “omisiones” más que el contenido en las exposiciones ministeriales. Querían
que les dieran ya información sobre los distintos sectores gubernamentales, a
pesar que después la obtendrían en comisiones, y que “criticaran” al gobierno
anterior. Hasta la congresista Lourdes Alcorta se dio el lujo de exigir
disculpas por “ofensas de la campaña”, a pesar que el fujimorismo no se ha
disculpado por ninguna ofensa directa o indirecta. Al final, el gabinete cedió.
Tarde o temprano, las mayorías parlamentarias abusivas son castigadas en las
urnas.
En cuanto al Frente Amplio, Marissa Glave, Indira
Huilca y otros congresistas sólo evidenciaron que son “rojos de librito”: puro dogmatismo.
No hubo ninguna intervención lúcida sino clichés contra la economía de mercado,
provocaciones al fujimorismo y ataques al gobierno anterior. Salvo dos
excepciones, la bancada votó a favor.
El diario La
Razón tituló la edición del día siguiente a la votación “¡Los hicieron sufrir!”. Sí, el
Presidente del Consejo de Ministros y los ministros sufrieron..., y ¡aún falta
otro pedido al Congreso para delegación de facultades legislativas que
quieren!. ¿Será otro calvario más?

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