Ese “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018 vive sus horas más difíciles.
A los casos penales “Richard Swing” (el farandulero Richard Cisneros beneficiado con contratos irregulares por servicios, a supuesta intercesión del “aventurero”) y “Lomas de Ilo” (proyecto de irrigación en Moquegua, por el cual el consorcio constructor pagó como soborno un millón de soles al “aventurero” cuando éste era presidente regional, según tres aspirantes a colaboración eficaz), se suma el caso “Hospital Regional de Moquegua”: cuatro aspirantes a colaboración eficaz señalan que el “aventurero” recibió un millón trescientos mil soles como soborno para licitar la obra. Uno de esos delatores sería un ex Ministro de Agricultura y Riego bajo el gobierno de Pedro Pablo Kuczysnki, amigo suyo desde hace cuarenta años. Fue el diario El Comercio, el domingo pasado, el cual publicó la noticia filtrada del Ministerio Público.
Para arruinar ese día en el Palacio de Gobierno, el diario Correo publicó dos fotografías donde aparece el “aventurero” con el empresario Antonio Camayo, quien está investigado en fiscalía por participar de una red de corrupción judicial, liderada por el ex vocal supremo César Hinostroza. Este escándalo de corrupción, revelado en 2018, sirvió de pretexto político al “aventurero” para empezar a presentarse como cabeza de la “lucha anticorrupción” y, junto con una ecléctica mayoría en el Congreso anterior, “cargarse” el extinto Consejo Nacional de la Magistratura. Ante grabaciones de audio entre implicados aludiendo la cercanía del “aventurero” con Camayo, este mito-maníaco negó públicamente hasta tres veces conocer al empresario. Era otra mentira.
Esa noche el “aventurero” concedió una entrevista televisiva al periodista Augusto Thorndike. Quería responder con más mentiras, pero no le resultó. Thorndike, hasta hace poco tiempo “gobiernero”, lo destrozó: por primera vez en su vida, el “aventurero” fue confrontado con sus mentiras. No sabía qué decir y sudaba mucho. Al día siguiente, concedió una entrevista radial a la abogada Rosa María Palacios, otra “gobiernera”, quien le fue más “complaciente”, pero igual quedó mal con mentiras cada vez más atrevidas: el “aventurero” dijo que las mafias no soportan que un “provincianito” las enfrentara, habló de “intereses ocultos” que desestabilizan su Gobierno nacional y acusó que Acción Popular y Alianza para el Progreso quieren destituirlo en el Congreso para postergar las elecciones generales del próximo año.
Por lo pronto, los fiscales especiales para la “operación Lava Jato” (estos casos con empresas constructoras pertenecen al “club de la construcción”, indirectamente vinculado al “escándalo Odebrecht”) abrieron investigación preliminar al “aventurero” por los últimos casos, a pesar de la decisión de la Fiscal de la Nación, que apela a la inmunidad presidencial para no investigarlo ahora sino cuando finalice el mandato presidencial. En criminalística, “cuando el tiempo pasa, la verdad huye”. No es igual investigar ahora que nueve meses después.
En el Congreso circula una nueva moción de destitución. A diferencia de la ocasión anterior, la defensa al “aventurero” es más precaria y menos militante. Ya es muy difícil negar lo evidente: el “aventurero” sería un corruptor, receptor de sobornos. Un inmoral, que gustaría del dinero fácil.
El
“aventurero” debe irse, pero si usted aún cree que debe permanecer en el poder,
porque el país enfrenta la pandemia viral COVID-19 y la recesión económica (temas
que a ése realmente no le interesan), entonces NUNCA MAS en su vida vuelva a renegar
o quejarse de la corrupción. El Perú vive horas difíciles y debemos apegarnos
más que nunca a la ley, la moral y la ética.
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