Ya visité el Lugar de la Memoria. Quise ir antes, pero
por hogar, trabajo o familia no pude.
Está ubicado en Miraflores, Lima. La construcción
empezó en 2010 durante el gobierno de Alan García y concluyó en 2015. Para la
inauguración el gobierno de Ollanta Humala le añadió al nombre original “la
Tolerancia y la Inclusión Social”. Está en el acantilado de la Costa Verde y el
frontis mira hacia el “circuito de playas”. Pasa inadvertido para la mayoría de
personas. Debió construirse en un espacio más visible.
Entré por la “Bajada San Martín” hasta el ingreso del
primer piso. En la primera planta está la muestra sobre la violencia terrorista
entre 1980 y 2000. Bien, pero la exposición visual es escasa. Salvo varias
fotografías y un par de videos, no se cuenta mucho. Hay escritos en paredes y paneles,
pero una imagen vale más que mil palabras. También hay hologramas con
testimonios de algunas víctimas o familiares de víctimas del conflicto armado
interno. Nada más. La exposición fotográfica Yuyanapaq, exhibida entre
2001 y 2003 y que también estuvo en el Museo de la Nación era más rica y
abundante.
Me llamó la atención una pared con papeles post it pegados. Una chica escribía en uno
disponible y lo pegó. Me acerqué para ver y muchos decían “Somos la generación del cambio”, “¡Ni una menos!”, “¡Fuji-rata
nunca más!”, etc. Nada que ver con la muestra.
Fui al segundo piso y hay una muestra sobre los
movimientos sociales “de izquierda” en la década de 1980, con libros y revistas
“de izquierda”. Otra área tiene varias fotografías exaltando el rescate “Chavín
de Huántar” de 1997, cortesía del Ejército. Sectores “de derecha” han
convertido esta operación militar en un “mito político”.
Pensé que las muestras se basarían en el Informe final
de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, presentado en 2003, pero el Lugar
de la Memoria le dedica sólo una área en el segundo piso. Reseña histórica, par
de fotografías, ejemplares de algunos tomos del documento y nada más.
Camino al tercer piso, un testimonio en audio de una
dirigente indígena amazónica, donde criticaba fuertemente a la minería y las
empresas mineras (¿?). Después, dos salas con fotografías de comunidades
campesinas y nativas, sin referencia directa con la violencia terrorista. Por
último, una sala mostrando videos sobre costumbres indígenas. Allí acabó el
recorrido. Al llegar a la puerta, hay dos cuadernos recordatorios, cuyas muchas
páginas están en blanco y sólo con algunos escritos inadecuados.
Por la pobreza documentaria y el vacío narrativo, el
Lugar de la Memoria no es igual a los centros memoriales o monumentos en
Alemania para recordar a las víctimas del nazismo y poco se parece a sus
contrapartes de Chile, Uruguay, Argentina, Paraguay, Brasil, El Salvador o
Guatemala, países latinoamericanos que también sufrieron graves violaciones a
los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad.
Por desgracia, el Lugar de la Memoria no es un sitio
para la preservación de la memoria histórica y la reflexión del pasado reciente
sino un altar a lo “políticamente correcto”. Mal.

No hay comentarios:
Publicar un comentario