Asumió el nuevo Presidente de la República, empezó el interinato bajo el nuevo Gobierno nacional y, de pronto, surgieron las marchas de protesta.
Marchas el martes, el miércoles y el jueves, una gran marcha de protesta, tanto en Lima como en otras ciudades. Olvidando el Estado de Emergencia en todo el país y las libertades restringidas de tránsito y reunión, los pre-candidatos presidenciales han alentado estas protestas callejeras. Por un lado, George Forsyth, ex futbolista y ex alcalde de La Victoria, desde Ayacucho. Julio Guzmán, ex viceministro de Industria y PYMES, desde Trujillo. Verónika Mendoza, ex congresista, desde Cusco. Todos ellos creen que obtendrán más votos en las elecciones generales del próximo año gritando “golpe de estado”.
De otro lado, esos políticos, intelectuales y periodistas que fantasean con un “octubre chileno” (por las violentas protestas en Chile el año 2019) para “cargarse” la democracia restaurada en 2001 y el modelo económico heredado de la década de 1990 con un proceso constituyente. Se le unen actores, cantantes, deportistas y otros, que sólo lo hacen como tendencia de moda. Por último, los grandes medios de comunicación, muy beneficiados por pagos de publicidad estatal durante el gobierno anterior, quienes han azuzado masas y hasta justificado la violencia, porque presionan al nuevo Gobierno para no perder sus ingresos.
¿El derecho a la protesta?. Sí, pero no con marchas callejeras. ¿No hay motivos para protestar?. Depende. ¿Qué se busca protestando?. Los manifestantes han repetido constantemente que el nuevo Presidente de la República “no los representa”. Entonces, ¿sí los representaba ese “aventurero” que nos desgobernó durante treinta meses?. “El nuevo Gobierno no tiene legitimidad”, machacaban. La legitimidad no la otorgan las masas en las calles ni las encuestas de opinión. El nuevo Gobierno es legítimo por provenir de una sucesión constitucional (como hace dos años) y seguirá siendo legítimo mientras cumpla y haga cumplir el imperio de la ley.
Algunos quieren que el nuevo Gobierno caiga. ¿Para qué vuelva al poder ese “buitre” que carga con ochenta mil muertos por la pandemia viral COVID-19 y millones de desempleados y miles de empresas en quiebra por la recesión económica?. También se leía u oía en las marchas que el Congreso, que destituyó al “carroñero” (se alimentó de nuestros vicios y males), “no los representa”. Pregunta: ¿por cuál lista votaron en la elección parlamentaria de febrero pasado?.
Como en las protestas hubo mucha presencia juvenil, (chicos y chicas no mayores a 24 años de edad), los manifestantes (quienes en el Centro de Lima sí ocasionaron disturbios y después se quejan por la represión de la Policía Nacional) pregonaban desafiantes que están “indignados” (¿por qué el Congreso echó por “incapaz moral permanente” a ese “sátrapa” señalado de haber recibido sobornos?) y “se han metido con la generación equivocada”. ¿”Generación equivocada”?. Por supuesto, porque están “equivocados”: no saben nada ni tienen idea de nada. Alienados, quienes han marchado movidos por sentimentalismo barato y moralismo estúpido.
¡Estoy indignado o indignada!, diría alguien. En menos de seis meses habrá elecciones generales. Que guarde la indignación hasta votar por quien le represente esa sensación y respete (¡por Dios!) el resultado de la voluntad popular libremente expresada en las ánforas.
¿Qué
debiera hacer el nuevo Gobierno?. Gobernar. La ciudadanía valorará positiva o
negativamente sus acciones. Esas marchas de protesta, sin líderes ni rumbo
concreto, se diluirán, porque son rezago de los treinta meses de odio,
confrontación y divisionismo que hemos vivido.
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