Volvió la “audiocracia” ("ESPECIAL")


El Perú está “impactado” o “asombrado” con la difusión de audios revelando escándalos de corrupción centrados en el Consejo Nacional de la Magistratura.

Hace tiempo que el funcionamiento del Consejo es cuestionado, pero los audios demuestran que se ha convertido en el centro de una red de corrupción, cuyas ramificaciones llegan al Ministerio Público, el Poder Judicial y el Congreso. Corrupción administrativa, donde los partícipes no son solamente funcionarios públicos. En posteriores artículos, profundizaremos en este asunto.

Los audios fueron grabados en una interceptación telefónica solicitada por una fiscal y autorizada por un juez en el Callao dentro de una investigación por narcotráfico. Sin embargo, terminaron en manos de IDL-Reporteros, un portal web de investigación periodística dirigido por el judoca y conocido periodista Gustavo Gorriti. Algunos audios llegaron a otros medios de comunicación, pero la primicia la tiene IDL-Reporteros.

Pese que la mayoría de audios pueden ser pruebas para futuros procesos penales contra los implicados, hay una pregunta que pocos se formulan: ¿cómo IDL-Reporteros obtuvo esos audios, que son parte de una investigación fiscal?.

Gorriti dijo en una entrevista televisiva que IDL-Reporteros está haciendo “periodismo de investigación” y que “todo periodista investiga”. Se equivoca. El periodista debe ser culto, pero no necesariamente investigador, porque indagar, recopilar, revisar y volver a indagar requiere paciencia, esfuerzo y minuciosidad que no todos pueden. ¡Por favor!, filtrar audios que grabaron otros por TV, radio, prensa escrita o Internet NO es periodismo de investigación.

No es la primera vez que los periodistas imponen la “audiocracia”: en 2008 comenzó la revelación de una serie de audios sobre hechos de corrupción en concesión de lotes petroleros, cortesía de una importante televisora privada. En lugar de propalar todos los audios de una sola vez, se hacía semana tras semana minando irremediablemente el prestigio político del gobierno de Alan García. Aquella vez todos los audios fueron grabados ilegalmente por una empresa de seguridad privada y jamás se llegaron a conocer cuántos había, porque no hubo más difusiones cuando la ciudadanía se cansó de ese tema. Los últimos audios ni siquiera revelaban delitos sino sólo eran (ridículas) conversaciones privadas. Este ataque mediático tenía propósito político y, posiblemente, los audios de ahora también.

Hace varios años la periodista Cecilia Valenzuela dijo que este tipo de primicias nunca son “gratuitas”: siempre circula dinero. Por ejemplo, cuando periodistas quieren acceder a expedientes judiciales (no existe una ley que regule la materia) suelen “sobornar” a secretarios o asistentes de despachos para conseguirlos. Cuando la documentación en distintas entidades públicas es más reservada (la entrega a terceros es delito), el dinero que reciben los informantes es mayor. O sea, el periodismo de investigación se ha vuelto “corruptor”.

Quizá por eso Gorriti dijo públicamente que sólo “muertos dejarían de propalar los audios”. Gorriti, de quien se decía en la década de 1980 que era “informante” de la Central Intelligence Agency (CIA) de los Estados Unidos, no haría esa arrogante declaración si no se sintiese “respaldado” por gente influyente en la Policía Nacional y el Ministerio del Interior.

Ergo, no veo un fin de lucha anticorrupción en la difusión de los audios, pero sí pueden servir para luchar contra la corrupción. No obstante, enfatizo que prefiero el imperio de la ley que el dominio de la “audiocracia”.


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