Aproximadamente, la congresista Verónika Mendoza,
candidata presidencial de izquierda radical, ya tiene 9% de intención de voto
para las elecciones generales y la han acusado hasta de ser “pro-terrorista”. Sin
embargo, ¿es “pro-terrorista”?. Vayamos por partes.
Mendoza no se refiere al accionar subversivo,
sanguinario y criminal de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac
Amaru (MRTA) durante las décadas de 1980 y 1990 como “terrorismo”. Ni siquiera
como “conflicto armado interno”, definición esbozada en el Informe final de la
Comisión de la Verdad y Reconciliación en 2003, que muchos (me incluyo)
empleamos. No, ella lo nombra como “violencia política”, reduciendo la
dimensión barbárica que tuvo e igualándola a, por ejemplo, la alteración al
orden público, la destrucción de la propiedad pública o privada y hasta los
daños a la integridad física que turbas violentistas y adoctrinadas suelen
cometer hasta hoy para oponerse a proyectos de exploración y explotación en
minería e hidrocarburos en los llamados “conflictos sociales”, que Mendoza ha
apoyado siempre.
Mendoza tiene en sus listas de candidatos al Congreso
a varios ex reos por terrorismo. El más llamativo ha sido Abel Gilvonio, hijo
de Américo Gilvonio y sobrino de Nancy Gilvonio, antiguos jefes del MRTA. Él y
otros calificaron a los líderes emerretistas encarcelados por terrorismo como
“presos políticos”. Ante la presión mediática, Mendoza sólo dijo que “deslinda
con cualquier organización terrorista”.
Hay un elemento más: la ideologización. Su padre,
Marcelino Mendoza, militante maoísta de la extinta Izquierda Unida, era cabeza
del recalcitrante Sindicato Unitario de Trabajadores de la Educación (SUTE) en
Cusco. Su madre, Gabrielle Frisch, era una estudiante universitaria francesa de
clase alta, quien participó en las célebres revueltas estudiantiles izquierdosas
de 1968 en Francia y que, años después, vino al Perú siguiendo los pasos del
asesinado guerrillero argentino Ernesto “Che” Guevara, ícono de izquierda
radical en América Latina. El “rojerío” era de familia.
Además, Mendoza viajó a Francia para realizar su
educación superior. Las universidades francesas son la meca de la
intelectualidad izquierdista europea. En esas aulas donde predomina el socialismo
más tercamente dogmático de Europa y una imagen tan idealista como distorsionada
de América Latina, Mendoza construyó su visión del Perú. Ella cuenta que,
incluso, aprendió hablar quechua ¡en Francia!, no aquí. Por eso actúa como si
encarnara la nueva vanguardia progresista peruana, de estilo francés. De ahí su
simpatía, por ejemplo, con la Cuba comunista y la Venezuela bolivariana, que
siempre ha tenido más simpatizantes europeos que latinoamericanos.
Personalmente, no creo que Verónika Mendoza sea
“pro-terrorista”, pero tampoco es “anti-terrorista”. Quizá para ella, al margen
de los miles de muertos, heridos y desaparecidos causados por senderistas y
emerretistas, el “sueño revolucionario” de un “mundo igualitario” por el cual
se justificaron “baños de sangre” sigue vivo.

Sin duda quiere hacernos creer que los terrucos son luchadores sociales que merecen respeto. Ninguno de ellos deben ser pasados por alto. Este partido ´político está mas partido que torta de cumpleaños. A la Vero dile NO !!!!!!!!!!!!!
ResponderEliminarSin duda quiere hacernos creer que los terrucos son luchadores sociales que merecen respeto. Ninguno de ellos deben ser pasados por alto. Este partido ´político está mas partido que torta de cumpleaños. A la Vero dile NO !!!!!!!!!!!!!
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