Distraídos, no hemos prestado mucha atención a la ex
congresista Verónika Mendoza.
Mendoza viajó a Cajamarca y se reunió en un
conversatorio con el ex presidente regional cajamarquino Gregorio “Goyo”
Santos. Sonrisas para las fotografías. Ambos fueron candidatos presidenciales
en las elecciones generales de 2016. Son enemigos declarados de la democracia
restaurada en 2001 y el modelo económico heredado de la década de 1990.
Posteriormente, Santos y Mendoza volvieron a verse en Lima, pero con otros
incendiarios de izquierda radical, como el ex presidente regional de Junín, Vladimir
Cerrón, y el dirigente aimara Walter Aduviri, a quien la justicia busca por las
violentas protestas de 2011 contra el proyecto minero Santa Ana en Puno.
Durante la campaña electoral pasada Mendoza y “Goyo”
se atacaron ferozmente. Los “rojos mendocistas” culpan a Santos por haberle
restado votos a su candidata. Además, el Ministerio Público y el Poder Judicial
procesan penalmente a “Goyo” por actos de corrupción: favorecer a la empresa
constructora de su amigo con once licitaciones turbias para obras públicas carísimas,
que nunca concluyeron. Consideran (no les falta razón) que Mendoza no puede
pregonar la lucha contra la corrupción y estar cerca de alguien con condena
inminente por asociación ilícita para delinquir y colusión.
Al otro lado, el entorno de “Goyo” no confía en
Mendoza. Cree que no conseguirá para el 2021 el casi un millón de firmas que
necesita para inscribir su movimiento político: no tiene ni cien mil. Ella sabe
que Santos será condenado pronto y no podrá ser candidato. Sólo le interesaría quedar
bien con el movimiento de “Goyo”, MAS Democracia (escisión del partido maoísta
Patria Roja), el cual sí tiene inscripción ante el Jurado Nacional de Elecciones,
para que la unja su candidata.
En fin, nadie odia tanto a un “rojo” como otro “rojo”.
Sin embargo, el sociólogo Juan Carlos Tafur escribió en una columna de opinión
que Mendoza estaba abandonando el “centro político” para irse hacia la
izquierda. ¡Qué!. ¿Cuándo Mendoza estuvo en el “centro político”?. Periodistas
e intelectuales “progres” quisieron vendernos en 2016 a Mendoza como una
política “socialdemócrata”. En el peor caso, una socialista democrática. El
nuevo rostro de la izquierda moderada, como en su momento lo hicieron con la ex
alcaldesa de Lima, Susana Villarán, hoy blanco de sus escarnios.
Mendoza jamás ha ocultado su pensamiento. Ella no es socialdemócrata,
no es socialista democrática: es comunista.
Por eso dio la espalda al gobierno de Ollanta Humala en 2012. Encarna el
fundamentalismo de izquierda radical. Está ansiosa por alcanzar el poder y ya
no vacila en acercarse a un agitador sedicioso. Por supuesto, esta Verónika
Mendoza no se condice con la “Vero”, aquella dulce imagen de marketing político
creada mediáticamente para los comicios de 2016. La “Vero”, con apariencia de “niña
buena”, hablando un quechua afrancesado y preocupada por los pobres, nunca
existió. Hoy vemos a quien realmente es: una política ambiciosa, calculadora y
cínica.
Adiós “Vero”, hola...

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