El
Presidente de la República está sobrepasando los límites. Ha violado el
juramento que pronunció el día de la sucesión constitucional de 2018.
Dos audios
(más un video) grabados (no se sabe por quién ni para qué) durante una
conversación entre Su Excelencia y autoridades de Arequipa, en el contexto de
las protestas por el permiso a la empresa minera Southern Perú para
iniciar el proyecto Tía María, mostró al inquilino del Palacio de Gobierno en
su peor faceta: como agitador político.
“Ahora, hay argumentos para retroceder y ya se presentó vamos a hacerlo,
pero no es que se puede hacerlo mañana. O sea, hay que verlo, pero hay que
trabajarlo”, “Lo que sí
puedo comprometerme aquí sabiendo cuál es mi posición transparente buscar
alternativas de solución. No podría yo ahorita salir y decir voy a cancelar
bajo qué argumento o sea tengo que preparar el argumento”, “Pero quiero que me comprendan yo no soy el
enemigo”, fueron algunas frases del Presidente de la República hacia el
presidente regional de Arequipa, Elmer Cáceres Llica, y alcaldes, opuestos al
proyecto Tía María, recogidas en el primer audio difundido por un medio de
comunicación la noche del sábado 10. A diferencia de su actitud pleitista
frente al Congreso, frente a Cáceres Llica, Su Excelencia no pudo estar más
servicial.
Por colmo,
el lunes 12 se conoció por otro medio de comunicación un segundo audio y un
video de la misma reunión. Con frases del Presidente de la República como “Lo que hay que hacer es revertirlo
administrativamente...”, “No es que
yo voy a agarrar y me voy a poner en la posición de la empresa, no. Las
posiciones técnicas que ustedes tengan las respaldo (…)”, “Sacamos un documento en ese sentido y si en
un mes ven que yo no cumplo, hagan una medida radical”, “Yo no estoy aquí para convencer de las
bondades de la mina, no vengo a defender la posición de la mina. Nosotros con
equipo, con profesionales todo, ejecutamos el sustento para retrotraer y ahí sí
sería un tema definitivo”, no hay lugar a mayores dudas. Ignoro si
aparecerán más audios o videos, pero para los voceros del Gobierno nacional y
las voces “gobierneras” se complica la defensa. Para Su Excelencia, no. Cínico
y sinvergüenza, no reconoció errores y respondió públicamente atacando a
quienes lo critican.
No es un
juego. Desde la perspectiva penal, el Presidente de la República, en esa reunión
de Arequipa, sí habría cometido -de acuerdo al Código Penal de 1991- los
delitos de “asociación ilícita para delinquir” (concertó un acto administrativo
doloso), “falsedad genérica” (mintió anunciando “suspensión”, cuando es
“anulación” de facto), “omisión de
funciones” (abdicó de gobernar) y “exposición al peligro” (dejó a la población
arequipeña “a su suerte” con el “paro”, al mismo tiempo que envió militares y
policías a enfrentarse con “bandas de salvajes” que protestaban), que deberían
contemplarse para futuros procesos en el Ministerio Público y el Poder
Judicial.
Sin
embargo, lo más grave es que Su Excelencia ha violado su juramento: cumplir y
hacer cumplir la Constitución (de 1993) y la ley. Su Gobierno dejó que turbas
violentistas y criminales “se carguen” el imperio de la ley. No quiere
gobernar: no le interesa la economía, no le interesan las instituciones, no le
interesa la seguridad, no le interesa el bienestar colectivo. Sólo permanecer
en el poder y recibir aplausos, aunque signifique destruir el país. Por eso no
renuncia.
Ya el
Presidente de la República es un factor de crisis política y se está
convirtiendo en un “enemigo del Perú”. La opción de destituirlo en el Congreso
no debiera descartarse. Que quienes le facilitaron llegar al poder tengan el
coraje y el civismo para sacarlo, si llegara el momento.

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