Juicio y sentencia por Bagua

Por el debate sobre las facultades legislativas que el Poder Ejecutivo pedía al Congreso, el cual acabo dándoselas, pocos entendidos se percataron de la sentencia en uno de los 4 juicios sobre los sucesos de Bagua.

En 2009 una violenta protesta de nativos amazónicos contra el gobierno de Alan García por decretos legislativos sobre inversión privada en forestación y agro-forestación y regulación de la propiedad comunal terminó con decenas de la Policía Nacional y varios manifestantes muertos, muchos heridos y un desaparecido. El Ministerio Público y el Poder Judicial abrieron cuatro procesos penales: civiles de la llamada “Curva del Diablo”, policías también de la “Curva”, policías degollados en la Estación 6 del Oleoducto Norperuano y la desaparición del mayor Felipe Bazán. El caso que finalizó en primera instancia es el primero.

La fiscalía acusó a 52 nativos de las etnias Awajún y Wampis por la muerte de 12 policías durante el despeje de la carretera Fernando Belaunde, bloqueada por manifestantes. Los vocales superiores no pudieron probar responsabilidad penal en los acusados. Aparentemente, los disparos con armas de fuego contra los policías no vinieron de los nativos manifestantes sino de otras áreas de la carretera. Entonces sí hubo ajenos a la protesta que fomentaron violencia.

En cuanto a los líderes de la protesta, entre ellos el indigenista Alberto Pizango (cobarde que después huiría a Nicaragua), a quienes se les acusaba por delito de instigación, los vocales determinaron que al no saber quién disparó, tampoco se puede precisar que Pizango “instigara” la violencia. En un lenguaje de excesivo culturalismo (como ensayo sociológico, no expediente judicial), la sentencia parece “disculpar” la ferocidad y el salvajismo de la protesta indígena en nombre de las reivindicaciones sociales y culturales de las comunidades nativas.

La acusación fiscal a Pizango debió haber sido por “autoría mediata”, no “instigación”. Concuerdo con el ex procurador César Azabache: el indigenista Pizango no podía azuzar a los nativos manifestantes con sus incendiarios discursos y no tener responsabilidad penal por las consecuencias delictivas. Además, los vocales aciertan al señalar una “investigación deficiente”. Originalmente, fueron denunciados 75 nativos, pero fueron acusados solo 52.

La parte civil (familiares de policías asesinados) y la fiscalía han presentado recursos de nulidad, que deberán ser aceptados o rechazados por la Corte Suprema de Justicia. Sólo el poderoso Instituto de Defensa Legal (IDL), que defendía a varios nativos enjuiciados, desea la ratificación de la sentencia. Es funcional al “rojerío” que quiere convertir los sucesos de Bagua en “lucha heroica” de los nativos por sus “derechos” contra el “neoliberalismo”.

No sabemos qué determinarán los vocales supremos, pero la autoridad, el imperio de la ley y las instituciones no pueden ser pisoteadas por una turba barbárica con mensaje indigenista, que quería escudarse en la “justicia consuetudinaria” para delinquir.

El Perú se lo debe a las víctimas de Bagua.

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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