En la mitología griega, Midas fue el rey de Frigia, un pequeño reino en la península de Anatolia.
Midas, a quien el dios Apolo había castigado por envidioso, fue premiado por el dios Dionisio con el deseo que él quisiese. Midas pidió el poder para transformar todo lo que tocase en oro. Al principio, estuvo feliz, pero tras retornar a su palacio hasta sus alimentos se convertían en oro y él convirtió en oro a su hija Caléndula cuando ella lo consuela abrazándolo. En la cultura popular, se hace alusión a un “anti-Midas”, quien no convierte lo que toca en algo de mayor valor sino todo lo contrario.
La Presidenta de la República es una “anti-Midas”: convierte en mierda todo lo que toca. No sólo con sus manos sino hasta con sus palabras. También sus amigotes en los sectores “de derecha”. Los actos oficiales en Lima por Fiestas Patrias lo demostraron.
Su Excelencia ensució la Misa Te Deum en la Catedral de Lima al llenar el templo con oficiales de las Fuerzas Armadas y custodios de la Policía Nacional. Mereció la reprimenda en forma de homilía por parte del Arzobispo de Lima. Fue al Palacio Legislativo, donde terminó oída en su Mensaje a la Nación por solamente una quinta parte de los congresistas en el Hemiciclo Principal. No hubo presencia del cuerpo diplomático ni invitados especiales. El designado por sus pares para presidir la Cámara actuaba como “pobre diablo”, de quien otros se reían. La Presidenta de la República esbozaba una sonrisa burlona cuando algunos congresistas “de izquierda” protestaron en el Hemiciclo Principal y después pretendió leer un discurso de cinco horas, pero acabó reducido a cuatro, por cansancio de todos. Si Su Excelencia y los aliados “de derecha” pretendieron una ceremonia de alta estirpe republicana, consiguieron todo lo contrario.
La Presidenta de la República y los sectores “de derecha”, dentro y fuera del putrefacto Congreso que aún la sostienen políticamente, no se percatan que cada bandera que ellos izan, con lo impopulares que son, la percuden. Si Su Excelencia fustiga a los sectores “de izquierda”, los está prestigiando. Si ella dice defender la Constitución de 1993, más se deslegitimará ese texto. Si los sectores “de derecha” se vanaglorian de habernos salvado del comunismo y pregonan a viva voz “Terrorismo nunca más”, menos calará esa retórica política. Si la Presidenta de la República defiende, incluso, nuestra herencia española, habrá rechazo a ese legado cultural.
Si en la Parada Militar alguien ordenó colocar carteles agradeciendo a Su Excelencia por “darnos gobernabilidad”, más irá causará en la ciudadanía. Si el Ministerio de Defensa repartió dieciocho mil pases para las graderías, buscando parecer que la primera mandataria cabalga en una popularidad fiel, causó el efecto contrario: mayor repudio.
La Presidenta de la República quiso demostrarnos que ella está totalmente alineada con los sectores “de derecha” (dudo muchísimo que sea una alineación mutua) diciéndonos, además, que no votemos por ninguna opción electoral “de izquierda”, porque si no, terminaremos como Cuba, Venezuela y Bolivia (olvido incluir Nicaragua): unos “estados fallidos”. Con justa razón, La Paz envió una nota de protesta a Lima, pero para el inefable abogado Aldo Mariátegui, conocido portavoz mediático “de derecha”, fue la “mejor parte” del discurso presidencial. Como ha expresado Juan Sheput, ex congresista y ex Ministro de Trabajo y Promoción del Empleo: Su Excelencia le ha hecho un “gran favor” a los sectores “de izquierda”.
A
diferencia de Midas, a quien Dionisio le revirtió el deseo pedido, la
Presidenta de la República y los sectores “de derecha” permanecerán condenados
a convertir todo en mierda.
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