Voto femenino, ¿logro olvidado?

El aniversario 60 del voto femenino en el Perú pasó desapercibido, a pesar que en la historia de América Latina fuimos el penúltimo país en conseguirlo. Paraguay lo hizo en 1961.

En el Perú no hubo movimientos sufragistas, como en los Estados Unidos o Europa. Sin embargo, la necesidad del voto femenino se planteaba desde 1910 a través de las voces de la periodista María Jesús Alvarado, la poetisa Adela Montesinos, la escritora Zoila Aurora Cáceres y la educadora Elvira García y García, pero recién en el Congreso Constituyente de 1931 el APRA más los diputados constituyentes Víctor Andrés Belaunde (conservador) y Alberto Arca Parró (socialista) se propuso formalmente, sin mayor éxito. En 1945 los senadores y diputados apristas volvieron a proponerlo al Congreso mediante una reforma a la Constitución de 1933, pero no pudieron aprobarla. Para 1955 la dictadura del general Manuel Odría lo consiguió (a sugerencia de María Delgado, esposa del dictador), pero más que una “conquista” de las mujeres fue una “concesión” hacia las mujeres frente a las crecientes fuerzas opositoras.

De inmediato, la iniciativa constitucional encontró resistencia de sectores conservadores y la Iglesia Católica. Se creía que las mujeres eran “ignorantes” e “influenciables” por sus esposos o padres, que sería un voto “emotivo” o que alentaría conflictos dentro de la sociedad. Nada de eso ocurrió y la reforma constitucional dio frutos en las elecciones generales de 1956 con la elección de la senadora Irene Silva de Santolaya y las diputadas Lola Blanco, Carlota Ramos, Juana Ubillús, Manuela Billinghurst, María Colina de Gotuzzo y Matilde
Pérez Palacios. Para las elecciones de 1963 sólo fueron reelegidas las dos últimas damas, quienes no habían sido diputadas oficialistas. En las elecciones de 1978 para la Asamblea Constituyente sólo fueron electas Magda Benavides (quien como constituyente tuvo deplorable participación, por cierto) y Gabriela Porto de Power.

Desde entonces -aunque a veces no lo parezca- el número, el porcentaje y la variedad de mujeres en la política se han incrementado. Más senadoras y diputadas. También alcaldesas y regidoras. Posteriormente, ministras, congresistas, presidentas regionales, consejeras regionales, etc. Aunque la amen u odien, hoy la hija del ex dictador Alberto Fujimori encabeza la intención de voto presidencial para las elecciones generales del próximo año.

Al margen de la Historia, ¿por qué el voto femenino no es festejado por todo lo alto?. Quizá, porque, pese a que las mujeres componen significativamente casi la mitad del electorado peruano, no hay estudios que determinen sus preferencias electorales. A diferencia de otros países latinoamericanos, las mesas de sufragio acá no están diferenciadas por sexo, lo que no permite conocer los resultados de hombres y mujeres por separado. Lo demás son meras especulaciones. Hay aproximaciones a partir de los resultados de sondeos de opinión, pero nada más. 

Pese a todo, el voto femenino es un hito en la lucha de las mujeres peruanas por libertad e igualdad.

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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