Perú frente a Israel y Palestina


Adoptando la misma actitud que otros países latinoamericanos, el Perú llamó en consulta a su embajador en Tel Aviv como protesta por las acciones militares de Israel en la Franja de Gaza.
 
Dentro del tradicional conflicto entre israelíes y palestinos por un “Estado de Palestina” que el Perú reconoció en 2010 (un error diplomático del gobierno de Alan García), el ejército israelí combate contra la organización islamista extrema Hamás. Esta organización política-religiosa-armada, creada en 1987 y apoyada por Irán, Siria o Arabia Saudita, es enemiga jurada de Israel y realiza atentados terroristas contra la población israelí.
 
Mediante los Acuerdos de Oslo de 1993, se reconoció que los territorios de Cisjordania y la Franja de Gaza conformen la Autoridad Nacional de Palestina hasta la creación del mentado estado. Tras las elecciones de 2006 y enfrentamientos con su rival Al-Fatah, otra organización islamista política-armada fundada en 1959 aunque “más moderada”, Hamás tomó el poder en la Franja de Gaza imponiendo una dictadura islamista acusada de torturar, mutilar, reprimir, censurar y matar por Amnistía Internacional amparándose en la Sharia islámica.
 
Hamás utiliza la Franja de Gaza como centro de entrenamiento para atentados suicidas en Israel (crímenes de lesa humanidad, según Amnistía Internacional) y lanzar ataques de cohete contra territorio israelí. En 2008 militares israelíes impusieron un bloqueo parcial al ingreso de alimentos y combustible y el éxodo de palestinos, después relajado por presión externa. Pese al bloqueo naval y los intentos de romperlo (la “Flotilla de la Libertad” en 2010), Israel no pudo impedir más ataques de Hamás contra la población.
 
Respondiendo al secuestro y asesinato de tres universitarios israelíes, Israel ha lanzado una feroz represalia, condenada internacionalmente por “desproporcionada”. Todos hemos visto las imágenes por televisión: mujeres, niños o bebés heridos; bombardeos a escuelas, hospitales o mezquitas; familias muertas, destrucción de la infraestructura. Hasta el momento, la mayor cantidad de víctimas son palestinas, no israelíes. Sin embargo, Hamás no claudica e Israel se desprestigia. ¿Por qué?. A diferencia de lo que repitan los Estados Unidos y los “pro-israelís” en todo el planeta, con bombardeos aéreos y ataques terrestres no se destruye a eso que se camufla entre civiles y elimina a quien se le oponga o entorpezca.
 
En el Perú hay israelíes y palestinos que viven en paz y armonía. Siempre hemos tenido buenas relaciones con Israel y la condena peruana no debe ir más allá de lo que el mundo ya condena, pero la insinuación pública del embajador israelí en Lima que el Perú estaría “premiando” al terrorismo por no avalar lo que hace el primer ministro Benjamín Netanyahu es ofensiva, insolente y majadera. El Perú sufrió el terrorismo en las décadas de 1980 y 1990: injusto que una partidocracia guerrerista y una diplomacia arrogante pretendan darnos lecciones de “verdad revelada” y “superioridad moral”.
 
Que Torre Tagle llame a la paz, pero pensando en el Perú.

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