Finalmente, el sátrapa salvadoreño Nayib Bukele consolidó su dictadura.
La amañada Asamblea Legislativa unicameral de El Salvador aprobó, en primera votación y con la súper mayoría de Bukele, un paquete de reformas a la Constitución de 1983. El principal cambio es la reelección presidencial inmediata. Bukele, quien se reeligió hace poco tiempo, inconstitucionalmente, ahora podrá ser candidato presidencial cuantas veces desee hasta que se le seque el esqueleto. Otras reformas constitucionales implican el aumento del mandato presidencial de cinco a seis años y la eliminación de la segunda vuelta electoral presidencial. Posteriormente, la Asamblea sumisa aprobaría más reformas constitucionales al servicio de Bukele.
Aparte de la Asamblea Legislativa, Bukele domina la Fiscalía General de la República y la Corte Suprema de Justicia. También ha sometido a la Corte de Cuentas, el Tribunal Supremo Electoral y los municipios. Se alió con los militares y persigue periodistas críticos. Por supuesto, no podían faltar las denuncias de corrupción administrativa a la camarilla palaciega que rodea a Bukele. Opositores como los diputados Marcela Villatoro, Claudia Ortiz y Francisco Lira pueden dar fe de arbitrariedades, tropelías y latrocinios que se han cometido en El Salvador.
Bukele se muestra a América Latina como un "campeón de la seguridad". Apelando hasta más allá de los límites el régimen de excepción establecido en la Constitución de 1983, vigente desde 2022, Bukele ha metido en prisión (sin juicio o con una pantomima de juicio penal) a integrantes de las temibles pandillas salvadoreñas (algunos líderes están convenientemente fuera del país), a todo quien parezca pandillero (peor si tienes tatuajes en el cuerpo) y a cualquier disidente molestoso. Las violaciones a los derechos humanos son reiteradas. Especialmente, en esa infernal mega-cárcel muy famosa mandada a construir por Bukele.
Bukele es un megalómano, a quien le fascina concentrar desmedidamente el poder y ejercerlo sin escrúpulos. Se parece mucho a Maximiliano Hernández, dictador salvadoreño de la década de 1930. Bukele amenazó públicamente a los dueños de los supermercados con meterlos a la cárcel si no “bajaban los precios” de los alimentos. Reprimió duramente un paro de transportistas y metió en la cárcel a los dirigentes. En este momento, no hay mucha diferencia entre Bukele y su vecino nicaragüense, el pederasta dictador comunista Daniel Ortega.
Ya no es posible considerar a El Salvador como un país democrático. En Perú debiera traernos algunos recuerdos del ayer. Bukele ejerce una dictadura bastante parecida a la dictadura que tuvimos entre el 05 de abril de 1992 y el 22 de noviembre de 2000. ¿Los sectores “de derecha”, tan nostálgicos del pasado autoritario peruano, podrán seguir defiendo a Bukele y, al mismo, proclamarse “demócratas” o, como le gusta decir al periodista Hugo Guerra, “grandes demócratas”?. Creo que alguna gansada se les ocurrirá.
¿Cómo
terminará el dictador Bukele en El Salvador?. Muy probablemente, como terminó
su predecesor en Perú.
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