Vino y se fue la misión de observación de la Organización de Estados Americanos (OEA), que vino al Perú tras la activación de la Carta Democrática Interamericana.
A través del mentiroso Ministro de Relaciones Exteriores y dos conocidos diplomáticos oportunistas, el “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República y su incompetente, corrompido e ideologizado Gobierno pidieron auxilio a la OEA, porque había una “nueva modalidad de golpe de estado”. Vinieron los dignatarios extranjeros y fueron bastante ecuánimes. Visitaron el Palacio de Gobierno y se reunieron con el “hombre sin sombrero” y sus ministros. En su cuenta de la red social Twitter, el mismo “hombre sin sombrero” se apresuró a cantar victoria, pero la alegría le duró poco tiempo.
Los dignatarios también visitaron el Palacio Legislativo y se reunieron con la Mesa Directiva. Fueron al Palacio de Justicia y se reunieron con la Presidenta de la Corte Suprema de Justicia. Otras reuniones fueron en el hotel Swissôtel Lima, en San Isidro. Hasta allí fueron la Fiscal de la Nación, la Defensora del Pueblo (interina), los magistrados del Tribunal Constitucional, congresistas de distintas bancadas e independientes y voceros de gremios periodísticos. También concurrieron a la sede de la Conferencia Episcopal. A su vez, los dignatarios recibieron cartas de otros representantes de la sociedad civil con quienes no iban a alcanzar los dos días de visita en el Perú para más reuniones.
Creo los dignatarios se han ido del Perú con la sensación que fueron “engañados”: aquí no hay ninguna “nueva modalidad golpista”, el “hombre sin sombrero” está hundido en la putrefacción, el Gobierno nacional está capturado por facciones de izquierda radical ocupadas en medrar del erario público y empeñadas en “cargarse” la democracia restaurada en 2001 y el modelo económico heredado de la década de 1990 para garantizarse impunidad. Sin embargo, como la OEA poco o nada -realmente, nada- puede hacer para ayudar al Perú, los dignatarios propusieron un “diálogo” para la solucionar la crisis política.
Para el diálogo es necesario que las partes a dialogar se reconozcan legitimidad y se respeten mutuamente. ¿Qué diálogo puede haber con el “hombre sin sombrero” cuando, sin importarle la presencia de los dignatarios de la OEA, en ceremonia oficial en el Palacio de Gobierno, vuelve a amenazar públicamente al Congreso, el empresariado y los grandes medios de comunicación con “medidas junto al pueblo”?, ¿qué diálogo puede haber con el viejito “hitleriano” Presidente del Consejo de Ministros, cuya mensaje está cada vez más impregnado de odio y revanchismo?, ¿qué diálogo puede haber cuando el Gobierno nacional todos los días viola la ley e insiste en dividir a peruanos y peruanas entre “pueblo” y “anti-pueblo”?.
La OEA tiene un antecedente funesto de “diálogo” entre antagonismos. Entre 2002 y 2003, a instancias del entonces secretario general, el colombiano César Gaviria, la OEA promovió una “mesa de diálogo y negociación” en Venezuela entre Hugo Chávez y los chavistas con la oposición democrática. Pese a una suspensión temporal por el “paro petrolero”, la mesa sesionó meses y meses, sin llegar a acuerdos. Para Chávez y los chavistas el diálogo podía continuar hasta que los desiertos se inunden de agua. Al final, chavistas y opositores firmaron un forzado acuerdo de entendimiento político, sin utilidad alguna. Para Chávez los acuerdos firmados tenían el mismo valor que un rollo de papel higiénico.
Diálogo sí,
pero cuando el “hombre sin sombrero” se haya ido, para organizar políticamente
el nuevo país que emergerá.
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