Después del referéndum


Ya pasó el referéndum y los resultados no dan lugar a mayores interpretaciones.

El referéndum fue convocado para aprobar cuatro reformas a la Constitución de 1993 sancionadas por el Congreso, a iniciativa del Presidente de la República: la creación de la Junta Nacional de Justicia (antes Consejo Nacional de la Magistratura) para nombrar, ratificar o remover fiscales y jueces. También “constitucionalizar” la regulación del financiamiento a partidos políticos. La prohibición de la reelección parlamentaria inmediata. La bicameralidad del Congreso, como fue hasta el golpe de estado del 05 de abril de 1992. Cuatro preguntas en ese orden, de las cuales el Gobierno nacional promovía la opción del SI para las tres primeras y el NO para la restante.

Al 92,94% de actas computadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), en la primera pregunta el SI obtiene 78,55%, el NO 12,14%, votos blancos 3,91% y votos nulos 5,40%. En la segunda pregunta, el SI 78,20%, el NO 12,90%, votos blancos 4,13% y votos nulos 4,77%. Para la tercera pregunta, el SI 77,84%, el NO obtuvo 12,81%, votos blancos 4,41% y votos nulos 4,94%. En la cuarta pregunta, el SI sólo 8,32%, el NO 79,81%, votos blancos 5,76% y votos nulos 6,12%. Victoria aplastante para quienes promovieron SI, SI, SI y NO.

El referéndum fue un plebiscito. El SI y el NO nacieron politizados. No importaban las reformas constitucionales sino apoyar a Su Excelencia o al Congreso. Sin contar quienes llegaron al día de la votación con más información que el “meme” (boceto) del “dinosaurio lesbiano” en las redes sociales Facebook y Twitter (¡pobrecitos!), el electorado votó abrumadoramente por el Presidente de la República, porque lo ve -o cree verlo- “luchando contra la corrupción”. ¿Quiénes encarnan hoy día la corrupción en el Perú?. Los congresistas. Mejor dicho, el APRA y el fujimorismo, dominantes en el Congreso desde 2016.

¿Las reformas constitucionales servirán para “luchar contra la corrupción”?. No y el tiempo lo evidenciará. Entonces, ¿para qué sirvió el referéndum?. Para consolidar políticamente a Su Excelencia atizando la vieja tradición anti-parlamentaria de la cultura política peruana y debilitar al Congreso. Nada más. No hay ánimo “reformista” en el Presidente de la República, porque no ha presentado ninguna propuesta seria y medular de reforma al sistema político (la bicameralidad lo era y la rechazó, so pretextos) y, salvo los proyectos de ley elaborados por la llamada “Comisión Wagner” y enviados al Congreso, tampoco ha tenido propuesta coherente alguna de reforma al sistema de administración de justicia.

Allá quienes ilusamente creen o siguen creyendo que Su Excelencia ahora “dialogará” o “negociará” con el Congreso para aprobar las leyes necesarias o se dedicará a gobernar en serio. Como dije antes, el Presidente de la República y su Presidente del Consejo de Ministros son dos “aventureros” de la política, sin escrúpulos para ir de izquierda a derecha, avanzar o retroceder, viceversa o todo a la vez si les permite quedarse en el poder hasta el año 2021.


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