Ha nacido el amor por Moscú

 

Parecía un chiste malo, pero es una noticia autentica: once congresistas viajaron a Rusia para un evento oficial organizado por la Duma Estatal rusa.

Como expresé en un artículo anterior, es un evento de los diputados rusos con delegaciones parlamentarias de varios países alrededor del mundo. El corrupto ex presidente regional de Junín, Vladimir Cerrón, comunista estalinista, quiso ir, pero el Poder Judicial le denegó la autorización para viajar. Tal vez ha ido en su lugar el rector de la Universidad Nacional de Ingeniería, Alfonso López Chau (conocido “rojazo”), quien -según el diario Perú21- también fue invitado y viajó.

De los once congresistas que conforman la comitiva peruana, seis pertenecen a las bancadas de izquierda radical. Pertrechados de un discurso “anti-yanqui” bien viejo, casi de los tiempos de la Guerra Fría, estos “rojos” respaldan a Rusia en su demencial invasión militar a Ucrania solamente para oponerse a los Estados Unidos y la alianza militar defensiva, OTAN, que apoyan a los ucranianos. Llenan sus bocas invocando a los muertos durante los “conatos de revuelta” y los “focos insurreccionales” en el país contra la Presidenta de la República y su Gobierno a fines del año anterior e inicios del actual, pero callan sobre las violaciones a los derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad cometidos por el ejército ruso (además de los mercenarios pro-rusos) contra soldados, mujeres, niños, familias, ciudades enteras, hospitales, centrales eléctricas, etc.

Sin embargo, los demás congresistas (por ejemplo, Eduardo Salhuana o Karol Paredes), a quienes calificaríamos de “centristas”, ¿no les indigna o repugna viajar hacia un país sancionado por gran parte de la comunidad internacional, regido por una mafia patriotera y militarista, que reprime, persigue, censura, encarcela y mata disidentes?, ¿cómo pueden regresar y decir que ellos defienden la democracia, las instituciones y el imperio de la ley en Perú después de haberse codeado con delegaciones de países dictatoriales como la Cuba comunista, la Venezuela bolivariana y la Nicaragua sandinista o no-democráticos como Irán o los Emiratos Árabes Unidos?.

Hay un cuestionamiento adicional: aunque el viaje y la estadía de los once congresistas ha sido financiada por la embajada rusa en Lima, ellos se fueron sin solicitar sus “licencias sin goce de haber” (cobrarían sueldo) y durante la “semana de representación”. Alejandro Soto, el cuestionadísimo presidente de la Cámara, intentó minimizar el asunto, pero el grupo viajero sería investigado por la Comisión de Ética del Congreso, la cual determinará si serían sancionados o no.

El año pasado el Congreso rechazó mayoritariamente la moción de orden del día que condenaba la invasión militar rusa a Ucrania, presentada por los congresistas Edward Málaga-Trillo, Carlos Anderson, Flor Pablo, Susel Paredes y Ernesto Bustamante, porque la Cámara está llena de “amigos de Vladimir Putin”, el belicista autócrata ruso. Especialmente, en las bancadas “de derecha”.

La decadencia del Congreso ya tiene sello moscovita.

 

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