A partir del 28 de julio habrá un actor político más:
el Frente Amplio, aquel conglomerado de izquierda radical entorno al movimiento
“eco-rojo” Tierra y Dignidad.
Detrás del fujimorismo, el Frente Amplio tendrá la
segunda bancada más numerosa del Congreso. Sin embargo, más allá de la imagen
de unidad, no está muy cohesionado (varios personajes provienen de la “sociedad
civil”) y tiene dos figuras políticas que marcarán el destino de la
organización en los siguientes cinco años. Por un lado, la congresista Verónika
Mendoza, quien fue la candidata presidencial y tuvo un desempeño en la campaña
electoral bastante bueno. Por el otro, el ex sacerdote católico Marco Arana,
líder de Tierra y Dignidad, quien -casi a rastras- alcanzó un escaño como
futuro congresista.
Si el Frente Amplio ha obtenido aquella significativa
cantidad de votos en las últimas elecciones generales, lo debe a Mendoza. Mucha
gente la votó a ella y demás “rojos” en las listas parlamentarias, a pesar de
ser “rojos”. Mal harían continuar con el discurso ideologizado, ajeno a los
deseos de la mayoría ciudadana, como seguir exigiendo una nueva Constitución. Son
notorias las palabras del abogado Javier Torres, vinculado al Frente Amplio,
reconociendo que la mayoría de peruanos y peruanas ha votado por el modelo
económico heredado de la década de 1990 que ellos rechazan. Que en ese tema
programático, perdieron.
El reciente viaje de Mendoza a Uruguay para hablar con
los jerarcas del Frente Amplio uruguayo (la alianza electoral izquierdista
fundada en 1971 y que desde 2004 gobierna en democracia y relativa prosperidad ese
país) y el ex presidente José Mujica parece evidenciar que ella quiere
distanciarse de la Venezuela bolivariana (donde la dictadura de Nicolás Maduro
provoca cada vez más asco en el mundo) y tomar un referente político-ideológico
más exitoso. Mendoza y más afines a ella, como Indira Huilca, hija menor del asesinado
sindicalista Pedro Huilca, verían el Congreso como la vitrina para presentar al
Frente Amplio como una “seria” alternativa gubernativa para las elecciones
generales de 2021.
Ya Mendoza no estará en la Cámara, pero sí Arana y su
lugarteniente, Marissa Glave, quien fuera regidora metropolitana de Lima hasta
la consulta popular de 2013 que la revocó del cargo. Arana tiene conocidas
aspiraciones presidenciales. Es un hombre autoritario y sectario, convencido
que agitación callejera, protesta violenta y propaganda política fortalecieron
a Tierra y Dignidad y pueden llevarlo al poder.
Quien podría querer competir con Arana es Manuel
Dammert, ex diputado y congresista reelecto. “Rojo” Dammert, quien viene de la época
de la Izquierda Unida en la década de 1980, es un parlamentario veterano en
agitación y demagogia, pero sólo es un “invitado”.
Al final, habrá una confrontación política entre el
retrógrado Arana y la “aggiornada”
Mendoza. Esto podría acabar en la salida de alguno de los dos. Entonces, el
ciclo del eterno retorno para la izquierda radical se repetirá. Otra vez
volverán los fantasmas de la desunión y el enfrentamiento.

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