Cada vez creo que acabaremos perdiendo la democracia restaurada en 2001.
Uno de los tres pilares de la Transición en esa época era que el régimen democrático debía durar esta vez (desde 1931 la democracia había sido esporádica) y bajo la democracia eran bienvenidos todos los participantes que aceptasen sus reglas de pluralismo político, alternancia, comicios libres, libertad de expresión y control o balance de poderes. Las facciones más extremistas de la izquierda radical y la derecha conservadora no aceptaron y entendible que fuese así, mientras juntas no representasen más del 10% del electorado.
Sin embargo, con el transcurrir del tiempo, si en “la democracia cabíamos todos”, resultó que “no todos cabían”. Entonces comenzaron los “vetos”, fundamentados o no: había que impedir en las ánforas que tal o cual personaje político o sector político llegase al poder. La democracia restaurada en 2001 empezó a ser vista de forma utilitaria: sólo sirve si mi preferencia política alcanza el poder o impide que lo alcance quien rechazo.
Cuando convocatorias abiertas a votar por alguien o contra alguien no fueron suficientes, entonces había que violentar las instituciones y el imperio de la ley para “cargarse” a quienes rechazamos. La caída del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski en 2018, el “cierre del Congreso” el 30 de septiembre de 2019 y el “bochinche callejero” (con altavoz mediático y digital) de noviembre de 2020 contra el gobierno de Manuel Merino fueron la consecuencia de esa vil lógica política cortoplacista y destructiva.
Hay mucha gente en la política, la intelectualidad y los medios de comunicación que llena su boca repitiendo la palabra “democracia”, pero se contradice con sus expresiones y acciones. El incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo fue una amenaza para la democracia restaurada en 2001, pero la patota de supuestos demócratas, tanto “de izquierda” como “de derecha”, tardaron en reaccionar. No obstante, tras haber desaparecido la amenaza común, otra vez volvieron las trifulcas políticas entre los supuestos demócratas por espacios políticos y cuotas de poder.
Ningún régimen democrático puede mantenerse si los “demócratas” ya no creen más en la esencia de éste. ¿Cómo podrían, por ejemplo, los supuestos demócratas, tanto “de izquierda” como “de derecha”, pedir a la ciudadanía que defienda la Constitución de 1993 si ellos no han hecho más que violarla o retorcerla como estropajo los últimos seis años?. Tuvimos suerte como país cuando fracasó el intento golpista del 07 de diciembre del año pasado. Por desgracia, no creo volvamos a tener suerte.
Lo repito nuevamente: en Perú se están dando las condiciones políticas y sociales para el surgimiento de un caudillo. Alguien calculador, pragmático y ambicioso, que seduzca a las masas y pacte con quienes deba pactar para terminar de “cargarse” la democracia restaurada en 2001.
Entonces habrá
algunos supuestos demócratas que aplaudirán, otros temerán y callarán y el
resto protestará, pero casi nadie los oirá. Será muy tarde. Estamos advertidos.
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