Luis Almagro, la OEA y el Perú ("ESPECIAL")

 

Por segunda vez en menos de un año el político uruguayo Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), vino al Perú.

Aunque, oficialmente, llegó para la celebrar la última edición de la Asamblea General en Lima, ha dejado la impresión generalizada que vino a “respaldar” al “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República y su incompetente, corrupto e ideologizado Gobierno. Igual hizo hace un año cuando vino al Perú, casi de improviso.

Hace muchísimos años aprendí que la OEA, fundada en 1948, es un organismo internacional inoperante, que por décadas fue funcional a la política exterior de los Estados Unidos, legitimando cuánto golpe de estado hubiera y avalando cuánta dictadura “anti-comunista” existiera. Con el cambio de siglo y el desinterés del State Department por América Latina, la influencia de Venezuela se hizo presente en la OEA. Con los petro-dólares, Hugo Chávez fue capaz de “coactar” la OEA y hasta conseguir un Secretario General adicto: el político chileno José Miguel Insulza. Muerto Chávez, la influencia venezolana en la OEA comenzó a declinar. Con Almagro en la Secretaría General desde 2014, la OEA se volvió una molestia para la dictadura de Nicolás Maduro, tanto que en 2017 “retiró” del organismo a Venezuela. Almagro no aceptó la solicitud y permitió que el asiento venezolano fuese ocupado por el delegado que envió Juan Guaidó, el “presidente interino” de la oposición democrática en Venezuela: Gustavo Tarre. Maduro odia a Almagro.

Vale aclarar una sarta de mentiras o medias verdades vertidas por los sectores “de derecha” en el Perú. El presidente boliviano izquierdista Luis Arce detesta a Almagro, porque lo considera responsable de la caída de Evo Morales en 2019. Por eso, además de la presencia de Tarre, Bolivia rehúsa participar de la OEA. Almagro ha condenado la creciente represión de la dictadura de Daniel Ortega en Nicaragua desde 2018. Por eso Ortega ya anunció que Nicaragua se retirará de la OEA. Almagro, incluso, ha condenado las violaciones a los derechos humanos perpetradas por la dictadura comunista en Cuba, aunque este país no integra la OEA. ¿Dónde ha fallado Almagro?. Nunca condenó el “narco-autoritarismo” de Juan Orlando Hernández en Honduras. Tampoco ha condenado al cleptócrata Alejandro Giammattei en Guatemala ni al sátrapa Nayib Bukele en El Salvador.

Incisivo a veces y negligente en otras, Almagro ha sido “quisquilloso” con el Perú. En 2017 rechazó que el Congreso pudiera cesar al gobierno de Pedro Pablo Kuczysnki. Rechacé la acción del Congreso, pero era su potestad constitucional. Avaló que el gobierno de Martín Vizcarra forzara la disolución de la Cámara para “cargarse” el Congreso el 30 de septiembre de 2019. En noviembre de 2020 aplaudió las violentas protestas callejeras que “se cargaron” el gobierno de Manuel Merino. Por supuesto, convalidó los resultados de las elecciones generales de 2021, a pesar de varias “irregularidades” que él no quiso indagar.

La OEA ha servido para muy poco. Convalidó el golpe de estado del 05 de abril de 1992, con el respaldo descarado del entonces secretario general, el diplomático brasileño João Baena Soares, a la dictadura de Alberto Fujimori. Ocho años después la OEA intentó salvar a Fujimori con el nefasto diplomático dominicano Eduardo La Torre. Por más que Torre Tagle traiga a Almagro mil y una veces y hasta presione al Alcalde de Lima para que le entregue las “llaves de la ciudad”, él no podrá salvar al “hombre sin sombrero” cuando llegue la hora final.

Por más que Torre Tagle, capitaneada por el abyecto Ministro de Relaciones Exteriores, pueda recurrir a la OEA, ésta nada podrá hacer. La caída es inevitable, pero no las consecuencias internacionales que el Perú enfrentará después de la caída.

 

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