El desmoronamiento del fujimorismo


Difícil creer hace un par de meses, pero el fujimorismo como movimiento político se está desmoronando.

Al margen del pésimo resultado en las elecciones municipales y regionales, el evento desencadenador fue la detención preliminar por 10 días de doña Keiko F., ex congresista, dos veces candidata presidencial, hija mayor del ex dictador Alberto Fujimori y lideresa indiscutible del fujimorismo.

La detención preliminar fue pedida por el Ministerio Público al Poder Judicial en el marco de la investigación por la financiación de la campaña presidencial de 2011, relacionada al “escándalo Odebrecht” y la corrupción de la empresa constructora brasileña. Además, vinculada a la red de corrupción de fiscales y jueces, cuya figura emblemática es el ex vocal supremo César Hinostroza, fugado y hoy apresado en España.

Doña Keiko logró que la orden fue “anulada” por otro juez, pero pesa sobre ella la posible prisión preventiva de 18 o 36 meses. No es un juicio. Sin embargo, la descomposición fujimorista se aceleró: dimitió el tenor lírico y congresista Francesco Petrozzi. Por la libre, cinco congresistas fujimoristas fueron al Palacio de Gobierno buscando bajar la confrontación con el Poder Ejecutivo. El congresista Rolando Reátegui se convirtió en delator de fiscalía. Daniel Salaverry, presidente de la Cámara, con una gestión aceptable, pidió “licencia partidaria”.

Por su parte, el portal web de investigación periodística IDL-Reporteros publicó los mensajes grupales de los congresistas fujimoristas más adeptos a Doña Keiko en la red social Telegram. Este chat llamado “La botica” ha evidenciado el lado más sectario del fujimorismo. Doña Keiko la titiritera y sus congresistas, los títeres: párense, aplaudan, arenguen, ataquen. Ellos, los buenos peruanos, verdaderos peruanos. Los demás, “terrucos”, “caviares”, “corruptos”, “traidores a la patria”, “odiadores”.

Temiendo su destino, Doña Keiko llamó públicamente al diálogo y la reconciliación, pero poca gente le cree. Es tarde. Las voceras congresales renunciaron. El secretario general también. Se ha instalado un “comité de emergencia”, pero el barco hace agua y el deseo de saltar por la borda es enorme.

¿Hay culpables?. Sí, pero no es Doña Keiko. Los culpables son esos hombres y esas mujeres en política, prensa e intelectualidad, con aires de superioridad. Gente muy de derecha. Varios son ex “rojos”. Persuadidos que, de una u otra manera, “salvaron” el país del infierno de la década de 1980 y “ayudaron” a reconstruirlo en la década de 1990. No creen en la democracia, reniegan de la Transición 2000-2001 y sueñan con volver al Perú anterior a la década de 1970. Seres de doble moral, apetitos egoístas e intereses mezquinos. Doña Keiko es soberbia, inmadura y rencorosa, pero ellos la inocularon con sus odios y prejuicios.

Culpables -como otros- que el Perú no tenga una alternancia liberal-progresista versus liberal-conservadora, que pudo habernos dado muchos años de estabilidad política. No me alegra cómo se desmorona el fujimorismo, porque no sabemos qué lo reemplazará.


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