Se cumplen cuarenta años del paro nacional de 1977 y
conviene recordarlo.
El paro fue convocado por el “Comité Unitario de
Lucha” (CUL), conformado por la Confederación General de Trabajadores del Perú
(CGTP) y otros sindicatos como la Federación Gráfica del Perú, la Federación de
Trabajadores de Luz y Fuerza, la Central de Trabajadores de la Revolución
Peruana (CTRP) y la Confederación Campesina del Perú. Como el Estado poseía y
controlaba la televisión, la radio y la gran prensa escrita, el paro fue convocado
con panfletos y afiches. Hasta hoy es considerada la mayor huelga general en la
historia reciente del Perú y la izquierda radical la recuerda orgullosa, pero
hay muchos mitos al respecto.
Primero, no toda la izquierda radical apoyó el paro.
Los convocantes eran los “rojos” y “rojimios” simpatizantes o comprometidos con
la dictadura del general Juan Velasco Alvarado, quienes resintieron el cambio
en 1975 por la “dictablanda” del general Francisco Morales Bermúdez y la
paralización de las nacionalizaciones y la reforma agraria. El Partido
Comunista pro-soviético y los velasquistas del Partido Socialista
Revolucionario (PSR), por ejemplo. Al contrario, los maoístas de Patria Roja y
los trotskistas no lo hicieron. Creían que no contribuía a crear las
condiciones objetivas y subjetivas para iniciar la “lucha armada”.
Segundo, no fue un paro por la democracia o prontas elecciones.
Las demandas del CUL eran gremiales: aumento salarial, estabilidad laboral,
etc. Un año antes se había desmantelado el monopolio pesquero del conglomerado
estatal PESCAPERU y muchos obreros sindicalizados en el Estado y diversos
sectores económicos temían despidos. Ese mismo mes el ministro de Economía y
Finanzas, Ramón Barua Alzamora, había decretado una nueva subida de precios y
congelamiento de salarios para reducir el déficit fiscal y controlar la
inflación. El paro tampoco originó la salida electoral, porque con el APRA y el
Partido Popular Cristiano ya se había “pactado” la Asamblea Constituyente.
Acción Popular se auto-excluyó. El paro sólo aceleró la transición democrática
que Morales Bermúdez buscaba cuando se impuso a los militares velasquistas en
1976.
Por último, tampoco el paro fue tan masivo como se
cree. En Piura, Trujillo, Chiclayo o Ica fue parcial. En Lima y Arequipa se
sintió, pero no fue contundente. En Ayacucho, Cusco o Puno fue total. En
ciudades como Iquitos, Puerto Maldonado o Tacna no se percibió. Hubo marchas,
bloqueo de calles y avenidas y enfrentamientos con la Guardia Civil. También hubo
detenidos por la Policía de Investigaciones. Los regímenes de excepción y los
toques de queda que se decretaban desde 1976 sólo continuaron.
El paro nacional de 1977 fue trabajo de movilización
popular de minorías muy activas e ideologizadas en medio de una crisis
económica con fallidos planes de ajuste y mucho malestar social por nueve años
de espadón militar. Por eso no pudo ser repetido en 2004, bajo un contexto
político, económico y social muy diferente. Fue un suceso sin parangón y, tal
vez, sin repetición.

No hay comentarios:
Publicar un comentario