La salida constituyente


Si estas declaraciones las hubiese oído de boca de alguien de la izquierda radical, no me hubiera sorprendido. Siempre dicen lo mismo.

Sin embargo, las declaraciones que “necesitamos una Constituyente” provienen de la congresista Patricia Donayre, primero disidente del fujimorismo y después del oficialismo, pero que apoya al Presidente de la República y su Gobierno. Ella está a favor de la propuesta de Su Excelencia para adelantar un año las elecciones generales de 2021.

¿Por qué esas afirmaciones?. Donayre sabe -como muchos, aunque todavía “inocentes”- que el Congreso no aprobará las iniciativas de reforma constitucional con referéndum para el adelanto electoral y si el Presidente del Consejo de Ministros plantease la cuestión de confianza sobre esta materia, posiblemente la Cámara ni siquiera la admitiría a debate. Entonces para ella, ante el “entrampamiento” (que sólo está en la cabeza pérfida del “aventurero” del Palacio de Gobierno y el “tribalismo político” de sus áulicos) únicamente queda la Constituyente.

Donayre quiere lo mismo que los “rojos” y “rojimios”, pero la izquierda radical ha querido desde la época de la Transición un proceso constituyente para “cargarse” la democracia restaurada en 2001 y el modelo económico heredado de la década de 1990. Nunca lo han ocultado. Que Donayre (no es “roja” o “rojimia”) piense en que el Presidente de la República pueda invocar un proceso constituyente si no hubiera adelanto electoral es por un motivo, ajeno a una nueva Constitución: ella y otros en política, intelectualidad y periodismo, a quienes mueve el odio visceral al APRA y el fujimorismo, empiezan a creer que un proceso constituyente sería la única manera de “neutralizar” y hasta “liquidar” al Congreso.

Por supuesto, al “aventurero” convendría un proceso constituyente, porque le quitaría todos los impedimentos para quedarse indefinidamente en el poder, pero ¿podría invocarlo?. Hace veinte nueve años Colombia convocó un referéndum para consultar a la ciudadanía si quería o no un proceso constituyente (extra-constitucional) “pactado” entre partidos políticos sin alterar la democracia inaugurada en 1957. Siete octavos del electorado votaron a favor. Un año después aprobó una nueva Constitución.

En el Perú, mediante una sentencia de 2003, el Tribunal Constitucional “reguló” cómo convocar un proceso constituyente. El Congreso aprobaría la ley de convocatoria de elecciones constituyentes, como si fuese una reforma constitucional: aprobación por mayoría calificada en dos legislaturas ordinarias o por mayoría simple con posterior ratificación en un referéndum. Mejor dicho, Su Excelencia no podría él convocar elecciones constituyentes o un referéndum sobre un proceso constituyente, porque sería inconstitucional.

Si el Gobierno nacional invocara un proceso constituyente inconstitucionalmente, es suficiente causal para que el Congreso (todavía es la máxima expresión de la soberanía popular) destituya -de una vez- al Presidente de la República.

¿Aún quisiera Donayre una Constituyente?. Flaco favor haría al “aventurero”.

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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