La farsa de las PASO

 

En el Congreso el fujimorismo ha presentado un proyecto de ley para modificar las elecciones primarias, abiertas, simultaneas y obligatorias, conocidas por el acrónimo PASO.

Presionado por el gobierno de Martín Vizcarra y los medios de comunicación, el Congreso aprobó en 2019 introducir el mecanismo PASO en partidos y movimientos políticos. Según sus defensores, las PASO son para “democratizar” la actividad partidaria y que las “cúpulas” no sean quienes designen las candidaturas a cargos por voto popular. 

Desde 2019 las PASO peruanas no se han celebrado. A consecuencia de la pandemia viral COVID-19 no hubo para las elecciones generales de 2021. También fueron postergadas para las elecciones municipales y regionales de 2022. En realidad, a partidos y movimientos políticos nunca les gustó la idea de las PASO. Probablemente, desde sectores “de derecha” hasta ciertas facciones de izquierda radical pasando por algunos “centristas”, la Cámara apruebe la modificación legal que haga "opcional" las PASO y, en los hechos, sean irrealizables.

En teoría, las PASO obligarían a toda la ciudadanía a votar en un solo día por las pre-candidaturas de cualquier partido o movimiento político del cual usted escoja participar. No interesa si usted no tiene militancia partidaria o no le interesa la política: deberá votar y elegir pre-candidatos. Así se genera la ilusión que la ciudadanía está muy involucrada en la política partidaria, aunque vote a quién sea. Pese a que ciertos defensores lo han negado, no hay grandes diferencias entre las PASO peruanas respecto a las PASO argentinas o uruguayas.

En Argentina, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner alentó la creación de las PASO en 2009. Aunque se alegó era para “fortalecer la democracia”, realmente, había un fin subalterno: la “Señora K”, como le dicen muchos argentinos, quería debilitar liderazgos opositores, dentro y fuera del Partido Justicialista. Los justicialistas afectos a “los K” ponían a competir un político contra otro en tolva opositora y con la masa justicialista clientelizada influir para que gane un opositor “a medida”. Para evitar intromisión en tolva ajena, los opositores a “los K” comenzaron a designar “pre-candidaturas únicas” que sólo requieran la ratificación del voto popular convirtiendo las PASO en una jornada más de todo el proceso electoral.

Jamás estuve de acuerdo con las PASO, porque creo en el voto facultativo o voluntario y el adjetivo “obligatorias” lo rechazo. Además, nada garantiza que la ciudadanía quiera acudir a votar (mucha gente no sabe qué habría multa si no votase) y elija mejor pre-candidatos que cuando elije candidatos. En Perú la política no es una actividad central o predominante. No lo dice quien escribe si no los propios militantes, muchos de los cuales ni asisten a votar cuando hay comicios internos en sus partidos o movimientos políticos, con asistencia del Jurado Nacional de Elecciones y la Oficina Nacional de Procesos Electorales.

Si alguien piensa que la democracia restaurada en 2001 se “salvaría” con las PASO, creo se equivoca.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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