El ojo en la tormenta



Por coincidencias de la vida o el destino, los poderes Ejecutivo y Legislativo están en el ojo de la tormenta.

El aumento del Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) a licores, cigarrillos, bebidas azucaradas y combustibles no ha caído bien en la población. Especialmente, combustibles como gasolina, gasohol, diésel y diésel B2. El Presidente de la República, el Presidente del Consejo de Ministros y la Ministra del Ambiente fueron hipócritas diciéndonos que la subida del ISC es para promover “consumos saludables”, porque el Ministro de Economía y Finanzas fue sincero desde el inicio: el Gobierno nacional necesita reducir el déficit fiscal y recaudar más por impuestos.

Sin embargo, como en el Palacio de Gobierno parece gustarles la mentira, no hubo reparos en “desautorizar” al titular de Economía y Finanzas cuando aquél habló de bajar el umbral para que más personas naturales tributen el Impuesto a la Renta en cuarta y quinta categoría. Esta iniciativa técnica no hubiera sido propuesta sin contar con la aprobación previa del Presidente de la República y el Presidente del Consejo de Ministros, pero como ellos se dieron cuenta que no era “popular” (¿cuándo tributar es “popular”?) recularon.

Tratando de contentar a todos, el Gobierno nacional está empezando a disgustar a muchos. Está minando la confianza del empresariado al haber derogado el decreto supremo que autorizaba a PERUPETRO firmar contratos de exploración y explotación con la petrolera irlandesa Tullow Oil por pozos petroleros del litoral marítimo del norte, a pesar que la Contraloría General de la República no halló irregularidades. Al otro lado, sindicatos y federaciones en el sur del país organizan marchas y paros en protesta por el aumento del ISC a los combustibles. Para colmo, la petrolera estatal PETROPERU y la refinería La Pampilla han subido el precio de los combustibles por variaciones en el mercado internacional creciendo el malestar.

Respecto al Congreso, irrita la compra de televisores, frigo-bares y computadoras cuando, al mismo tiempo, el Poder Ejecutivo envió un proyecto de ley para la austeridad presupuestal en todo el Estado. Cuando los reporteros preguntan al Presidente de la Cámara por esta compra, responde malcriadamente (“mermeleros”) y amenaza a los medios de comunicación con una “ley liberticida”. El fujimorismo controlador del Congreso se ha desmarcado de Su Señoría, pero éste se ha “ocultado” como un cobarde, a pesar que su lideresa lo ha respaldado públicamente.

Para demostrar que, a pesar del discurso, el fujimorismo defiende causas particulares y no el interés general, ha “boicoteado” con la mayoría de votos en la Cámara la aprobación de un dictamen de ley para que la Superintendencia de Banca y Seguros regule todas las cooperativas de ahorro y crédito, como en cualquier país del mundo. El alegato demagógico fujimorista es que se busca “favorecer a la gran banca”, pero sabemos que el fujimorismo está vinculado directa e indirectamente con cooperativas señaladas de “lavar activos”.

Después de la tormenta llega la calma, pero ¿cuándo?.


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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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