El periodismo en el Perú ha producido decenas de talentosos,
pero con escasísima ética.
Personalmente, Aldo Mariátegui y Phillip Butters, con
sus pasados “fantasmales” (nunca han divulgado por entero sus biografías), son
los representantes actuales de esta especie que no ejerce la “más noble de las
profesiones sino el más vil de los oficios”.
En el pasado había uno parecido: Federico More. Nacido
en 1889, en Puno, More tenía ascendencia británica, que le hacía darse “aires
de superioridad”. Cursó estudios escolares en Lima, Arequipa y Puno. En 1905
ingresó a la Escuela Militar de Chorrillos, siguiendo los pasos de su padre,
pero pronto abandonó la carrera de las armas. Desde 1906 se dedicó al
periodismo, colaborando en publicaciones de Lima y provincias.
Fue entonces cuando More reveló su genialidad con la
pluma. Era brillante poeta, ensayista y crítico literario, pero también gustaba
ser polémico, contestatario e hiriente. Tanto su talento como sus vicios los utilizó
como periodista.
A la educadora Lastenia Larriva de Llona,
perteneciente a la primera generación de escritoras peruanas, More la atacó
ferozmente por su fama literaria en Ecuador. También atacó a Ricardo Palma, el
venerado viejo escritor decimonónico. A partir de 1910 More colaboró con los
diarios La Opinión Nacional, La Crónica y La Prensa y las revistas Variedades,
Mundial y Colónida.
Tal vez por ser admirador del pensador Manuel Gonzáles
Prada (de quien renegaría en el futuro) y vincularse con intelectuales críticos
del devenir histórico del Perú como el ex diputado y periodista Andrés Avelino
Aramburú, el escritor Abraham Valdelomar, el ex senador Javier Prado o el
caricaturista Julio Málaga, More se volvió “anti-peruano”. En 1917 despotricó
de Lima y los limeños en el Teatro Colón. Después se fue a Bolivia y allí
publicó panfletos exigiendo la salida marítima boliviana por territorio
peruano. Durante la década de 1920 estuvo en Chile y desde Argentina atacó
duramente la dictadura de Augusto B. Leguía.
En 1929 More volvió al Perú, algo curado de su
“anti-peruanismo”, pero más escéptico e incrédulo que nunca. En 1931 apoyó la
Reforma Electoral que permitió la democracia y las primeras elecciones generales
libres, pero no vacilaría en defender sucesivas dictaduras. Regresó a Chile en
1932, donde polemizó rabiosamente con el escritor José Santos Chocano por una
posible guerra del Perú contra Colombia, la cual el periodista estaba a favor.
Sin embargo, More entregó todo su odio por el resto de la vida al APRA y los
apristas.
Contra los apristas, a quienes aborrecía por
“agitadores políticos”, More escribió Zoocracia y canibalismo en 1933,
justó después de retornar al Perú. Al siguiente año publicó Una
multitud contra un pueblo, otro ensayo contra el APRA. En 1950 el
diario El Comercio, reducto oligárquico de entonces, lo reclutó como colaborador. En esas páginas, vomitó todo su racismo despotricando contra esos “cholos serranos” que ya “invadían” Lima. Murió en 1955.
¿Mariátegui y Butters se parecen a More?, ¿qué dice
usted?.


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