Dentro de la izquierda radical hay pocas mentes
lúcidas. Una de esas cabezas pertenece al ex diputado Carlos Tapia y otra al ex
senador Rolando Breña Pantoja, por ejemplo. Sin embargo, hoy reconozco lucidez
y decencia en la abogada Susel Paredes.
Para quienes no saben, Susel Paredes fue actriz la
célebre telenovela Carmín. En la década de 1980 egresó de la Facultad de Derecho y
Ciencia Política de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde vio muy
de cerca el extremismo ideológico de los terroristas de Sendero Luminoso.
Activista social por los derechos de las personas del mismo sexo, hace tiempo
se declaró lesbiana. En 2006 se afilió al Partido Socialista de Javier Diez
Canseco, ese viejo “rojo” que fuera ex constituyente, ex diputado, ex senador y
ex congresista. Cuando Diez Canseco se “alió” al Partido Nacionalista para
integrar la alianza GANA Perú, con miras a las elecciones generales de 2011,
renunció al partido.
Posteriormente, Paredes se afilió al proto-partido
Fuerza Social, que había llevado a la Alcaldía de Lima a la ex ministra de la
Mujer, Susana Villarán. Ella la nombró Gerente de Fiscalización y Control de la
Municipalidad Metropolitana de Lima. Ahí la emprendió para erradicar el
renaciente comercio ambulatorio, clausurar hostales-prostíbulos e intervenir bares
del Centro Histórico. Incluso hasta se vistió de “Robocop”, el policía-robot de
la saga fílmica ochentera estadounidense. En 2013 apoyó la opción NO para la
consulta popular de revocatoria del mandato de Villarán y rehusó postular como
regidora metropolitana para las elecciones complementarías de ese año y las
municipales-regionales del año siguiente.
¿Por qué el elogio?. Paredes sabe que la izquierda
radical no tiene opción electoral el próximo año si va desunida (¡karma!) y no
presenta una propuesta “moderna” y “amplia” para un Perú mesocrático. Eso
implica no “dinamitar” la democracia restaurada en 2001 y el modelo económico
heredado de la década de 1990 sino “transformarlos”. Además, una condena
tajante contra las violaciones sistemáticas a los Derechos Humanos cometidas en
Venezuela por la “dictadura” de Nicolás Maduro. Incluso ella ha declinado
cualquier postulación suya en aras de esos objetivos.
Actualmente, hay dos conglomerados en la izquierda
radical y Paredes integra uno donde, además de su proto-partido, están el
Partido Comunista y los maoístas de Patria Roja. Al frente de la misma vereda,
está el movimiento “eco-rojo” del ex sacerdote católico anti-minero Marco Arana
y los dogmáticos disidentes nacionalistas, con la congresista Verónika Mendoza.
Por sus buenos deseos, Paredes sólo ha recibido ataques de la ex regidora
metropolitana Marissa Glave, lugarteniente de Arana, y burlas de la ex
dirigente estudiantil Sigrid Bazán (un producto “rojimio” de la Pontificia
Universidad Católica del Perú), que respalda a Mendoza. Al interior de su
conglomerado, tampoco le habrían hecho mucho caso a Paredes y se “desuniría”.
Así las cosas, la izquierda radical sigue en nada,
pero Susel Paredes ha sido dignificada. Bravo por ella.

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