Gobierne, Francisco Sagasti ("ESPECIAL")

 

El miércoles 16 el Presidente de la República ofreció una conferencia de prensa televisada desde el Palacio de Gobierno, a casi un mes de haber asumido el poder.

Aunque hubo presencia de reporteros, fotógrafos y camarógrafos de distintos medios de comunicación, preguntas y repreguntas y las palabras de Su Excelencia no sonaron a monólogo, la conferencia de prensa fue desastrosa. A la exhortación del Jurado Electoral Especial de Lima para no vestir corbatas color morado, el Presidente de la República dijo que sus corbatas no fueron moradas sino “rojas con puntitos azules”. Era inverosímil. Mientras Su Excelencia hablaba, vimos a la Ministra de Relaciones Exteriores durmiendo. Cuando la Ministra de Salud declaraba, el Ministro del Interior se caía de sueño y, por poco, no se cayó de la silla.

Cuando la nación esperaba respuestas claras frente al aumento de los casos de contagio por la pandemia viral COVID-19, la Presidenta del Consejo de Ministros nos mostró cuánto le gusta el “lenguaje inclusivo”: todos y todas. Ante los rumores (fundados en el torpe anuncio del Colegio Médico el día anterior, que después reculó) sobre un nuevo confinamiento en nuestras viviendas (se cumplen nueve meses de la vigencia del Estado de Emergencia y el toque de queda nocturno en todo el país por la pandemia), el Gobierno nacional anunció la restricción al tránsito de vehículos privados los días 24, 25 y 31 de diciembre. No anunció ninguna otra medida sustancial.

Respecto a las prometidas vacunas contra el virus, el Presidente de la República dijo que su Gobierno encontró solamente convenios en negociación con dos laboratorios farmacéuticos, aunque no quiso culpar al “psicópata” que nos desgobernó durante más de treinta meses. La Ministra de Salud, quien trabajó en el mismo cargo bajo el “bastardo”, dijo no saber cuándo ni cuántas vacunas llegarían al Perú, pese a que ella misma aseguraba meses atrás el primer cargamento de vacunas para diciembre. De verdad, Su Excelencia debiera prescindir de la dama. Ella ha copiado el cinismo de su antiguo jefe y no podemos creer que ahora sí pretende comprar las vacunas.

Por desgracia, el Presidente de la República parece vivir en su mundillo académico. Dijo que parará cualquier iniciativa demagógica del Congreso (bien sí lo hace), pero él ni el Ministro de Economía y Finanzas dijeron nada sobre la rebaja (de estable a pesimista) de nuestra calificación crediticia por la agencia Fitch Rating. Parecen esperar, por ejemplo, que el Tribunal Constitucional declare inconstitucional las leyes sobre devolución de aportes del Sistema Nacional de Pensiones, el régimen laboral CAS y (ya hubo una ley en 2007) la formalización de taxis colectivos.

En cuanto al escándalo de las vacunas, a nombre del Gobierno nacional, Su Excelencia debiera exigir investigaciones a la Contraloría General de la República y el Ministerio Público. Miles de personas pueden morir en los próximos meses por la falta de vacunas y hay mucho dinero público comprometido. Chile y Colombia, por ejemplo, firmaron sus convenios con laboratorios farmacéuticos hace varios meses. Acá el “forajido” pretende culpar al Congreso, porque lo habría destituido el mes pasado justo cuando iba a comprar o no le aprobó una ley para comprar (¡falso, porque él podía haberlo hecho con su decreto de urgencia desde septiembre!), mientras no siente remordimiento alguno.

El Presidente de la República debe recordar que no está en el Palacio de Gobierno para sumar un antecedente laboral más a su curriculum vitae sino para gobernar. Por favor, gobierne.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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