Recientemente, vi una entrevista de la periodista Juliana Oxenford a Juan Sheput a través del podcast del diario La República.
Sheput, ex congresista y dos veces Ministro de Trabajo y Promoción del Empleo, candidato senatorial, está apoyando la candidatura presidencial del cómico Carlos Álvarez para las elecciones generales de este año. En varios fragmentos de la entrevista, Oxenford insistía a Sheput que Álvarez no fue “opositor” a la dictadura de Alberto Fujimori en la década de 1990 o que aún no ha “deslindado” de la dictadura.
Para Oxenford, quien en esa época no se caracterizó por haber sido combativa contra Fujimori (tenía programa radial dando consejos románticos), y para su público, mayoritariamente, “progre”, no existe la evolución política: una vez fujimorista, siempre fujimorista. Una premisa estúpida, similar a otra que sostienen sectores “de derecha”: una vez “terruco”, siempre “terruco”.
He explicado este punto antes: la transición hacia la democracia entre 2000 y 2001 se construyó sobre tres pilares. Uno de ellos era que “en la democracia cabemos todos”. Debía ser así: Fujimori fue muy popular durante mucho tiempo y la Transición fue posible, porque gran parte de quienes habían respaldado a Fujimori lo permitió. Frente a algunas voces políticas que reclamaban la “des-fujimorización” de Perú (como el ex senador Alberto Borea), se dio la bienvenida a quienes habían apoyado la dictadura y muchos de ellos se aclimataron a la democracia. Por desgracia, años después aparecieron personajes como Oxenford para quienes, si “en la democracia cabíamos todos”, unos cabían más que otros.
Otro pilar de la Transición fue la justicia: si alguien había cometido delitos, debía pagarlos. El Ministerio Público y el Poder Judicial procesaron, juzgaron y condenaron a muchos imputados, pero también absolvieron a otros. Haber sido fujimorista en el pasado NO es delito. Está bien recordar el pasado, pero no vivir atado a éste. La dictadura cayó hace más de veinticinco años y el propio Fujimori ya murió. Ciertamente, está su hija mayor, Doña Keiko, pero ella ha construido sola su funesta trayectoria política en democracia.
Por desgracia, hay personajes que obtienen provecho político o personal alimentando constantemente la división en la sociedad. Las últimas elecciones generales en Chile demostraron que el episodio histórico de la dictadura del general Augusto Pinochet ha sido socialmente superado. El presidente electo José Antonio Kast y sus contrincantes derechistas durante la campaña electoral, Evelyn Matthei y Johannes Káiser, fueron abiertamente pinochetistas y a nadie pareció importarle.
Es hora que Perú vaya pasando página al episodio de Alberto Fujimori, el cual debe quedar para estudio histórico, no para el discurso político. Esta liberación de las “cadenas de la historia” también vale para traumados en sectores “de derecha” que todavía viven obsesionados con la dictadura del general Juan Velasco Alvarado en la década de 1970.
La primera
lección para aprender historia es alejarla todo lo posible de la política.
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