Me atrevería a afirmar que gran parte de la sociedad peruana está desanimada, hastiada o molesta.
El origen sería el “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República y su incompetente, corrupto e ideologizado Gobierno. Habiéndole o no votado en los comicios del año anterior, muchas personas quieren que se vaya. Desean que el “hombre sin sombrero” renuncie o el Congreso le destituya. Incluso que los militares le den un golpe de estado. Como no ocurre ninguno de esos desenlaces, se angustian o desesperan.
No me cansaré de decirlo: el “hombre sin sombrero” caerá, porque ese destino es inevitable. Caerá, no poniendo nosotros plazos (¿seremos adivinos?) sino cuando las condiciones estén dadas y éstas se están dando. Caerá por renuncia obligada o forzada, no sin haberse aferrado al poder hasta el final y, a consecuencia, de malas decisiones suyas para evitar perder el poder. Convencido que se juega su pellejo, más temprano que tarde, el “hombre sin sombrero” se irá con todo contra el Congreso, el empresariado y los grandes medios de comunicaciones, a quienes responsabiliza que el Ministerio Público y el Poder Judicial le puedan colocar el cuchillo en la yugular. Lo han dicho personajes como el ex ministro del Interior, Carlos Basombrio: esto acabará, pero acabará muy mal.
Debemos asumir que, cuando caiga el “hombre sin sombrero”, no habrá vuelta atrás. El Perú de hoy no es el mismo de hace un año, hace dos años, hace tres ni hace cuatro años. Para quienes fantasean con regresar al contexto político del gobierno de Francisco Sagasti y las elecciones generales de 2021, se equivocan. Las puertas del poder fueron abiertas para la izquierda radical y ya ven que no es fácil desalojarla. Para quienes desean volver a los acontecimientos de noviembre de 2020, cuando el Congreso instaló el gobierno de Manuel Merino, les recuerdo que estamos pagando un precio por haber jugado con las ilusiones y las esperanzas de las masas e invocar la calle como escenario de protesta. Los acontecimientos de entonces no se repetirán.
Para quienes desean retornar al Referéndum de 2018 o al 30 de septiembre de 2019, cuando el gobierno de Martín Vizcarra “se cargó” el Congreso forzando la disolución de la Cámara, les digo que, por desgracia, existen cada vez más personas esperando la “solución más eficaz” al “hombre sin sombrero” y su putrefacción, aunque no sea institucional ni legal. Las instituciones y el imperio de la ley han pedido adherentes.
Por último, para quienes sueñan con volver al 23 de marzo de 2018, cuando cayó el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, recuerden que las oportunidades perdidas como país para el crecimiento económico y el desarrollo humano no regresan. No podemos retroceder las manecillas de un gran reloj y creer que el episodio del “hombre sin sombrero” será sólo una pesadilla y despertaremos como si nada.
El ciclo
político iniciado en el Perú el 22 de noviembre del año 2000 con el retorno a
la democracia está finalizando y demoraremos en saber o entender hacía dónde
nos conducirá. ¿Hacia atrás?. Obviamente, no.
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