Enigma parlamentario

 

Desde el podcast del diario La República, la abogada Rosa María Palacios habla vehementemente sobre la campaña para las elecciones generales de este año.

Hace cinco años Palacios, incluso, vendía “manuales en línea” de cómo o a quién votar. Actualmente, enfatiza que los comicios presidenciales no son tan relevantes como los parlamentarios. Basado en un sofisma que ella y su ecosistema “progre” repiten hasta el cansancio, el Congreso que emerja de las ánforas en abril gobernará, como está gobernando hoy el putrefacto Congreso. Sin embargo, la dama sostiene que estas elecciones son las más cruciales desde el retorno a la democracia en 2001.

Palacios no solo machaca con que “el Congreso será clave para la gobernabilidad” sino que “quien controle el Senado, gobernará”. No la Cámara de Diputados sino el Senado. Todo el entorno “progre” repite la misma cantinela y hasta empieza a publicar encuestas de intención de voto senatorial. No obstante, en contraste con los comicios presidenciales, los parlamentarios serán un enigma.

La reforma constitucional de 2024 restableciendo la bicameralidad, que “se cargó” la voluntad popular expresada en el Referéndum de 2018 (nunca lo olvidemos), ha definido varias atribuciones para el Senado: nombramiento, ratificación o destitución de altos funcionarios públicos. Además, los senadores podrán revisar, corregir o derogar decretos de urgencia o decretos legislativos. Las atribuciones de interpelar y censurar ministros, formar comisiones investigadoras o presentar iniciativas legislativas o constitucionales corresponden a la Cámara de Diputados. No entiendo la sobrevaloración de los futuros senadores.

Además, el germen del futuro conflicto institucional entre ambas cámaras legislativas está en el proceso legislativo: los senadores no tendrán iniciativa legislativa y todos los proyectos de ley provendrán de los diputados. Cuando la Cámara de Diputados apruebe el proyecto de ley y éste pase al Senado, los senadores sí tendrán la última palabra: será ratificado, modificado o rechazado. Ningún proyecto volverá donde los diputados para revisión o corrección ni ellos podrán insistirlo para evitar a los senadores y vaya, de frente, donde el Presidente de la República. ¿Ambas cámaras son o no relevantes?.

Un factor adicional: pocas personas son conscientes aún del “tamaño sábana” que tendrá la cédula de sufragio. Por tanto, los comicios parlamentarios serán más complejos que nunca. Ni siquiera cuando tuvimos bicameralidad antes del golpe de estado del 05 de abril de 1992. Dudo muchísimo que gran parte del electorado entienda cómo votar por los senadores nacionales o los senadores regionales. Votar por los diputados será como los últimos seis comicios parlamentarios. Afirmaría que muchos electores marcarán “por repetición” los mismos símbolos del candidato presidencial o, simplemente, no marcarán las casillas para los comicios parlamentarios. Hablar de intención de voto senatorial resulta absurdo.

Afirmaría también que los resultados de los comicios parlamentarios sorprenderán a más de una persona.

 

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