En reciente denuncia periodística por televisión se
supo que el jefe de seguridad del Congreso es un militante fujimorista.
Ex edecán presidencial durante la dictadura de Alberto
Fujimori, este militar retirado dirige también el “comando de adoctrinamiento”
fujimorista, que consiste fundamentalmente en el “revisionismo” de la historia
del Perú (no hubo violaciones a los derechos humanos, crímenes de lesa
humanidad ni “mega-corrupción”) en las décadas de 1980 y 1990. Anteriormente,
otra denuncia periodística reveló que desde 2016, cuando el fujimorismo se
volvió mayoritario en la Cámara, existen alrededor de ¡10! personas en el área
de prensa encargadas de manejar cuentas en las redes sociales Facebook y Twitter. Ellos conformarían el nuevo ejército “fujitroll” en el
ciberespacio pagado por el erario público.
Asimismo, el (siniestro) presidente de la Cámara, Luis
Galarreta, un fujimorista cada vez más recalcitrante, no cesa en atacar a los
medios de comunicación que critican al Congreso. Por supuesto, la mayoría
fujimorista quiere imponerse contra todo y todos. Los periodistas
filo-fujimoristas callan o prefieren hablar de otros temas. Por desgracia, el
fujimorismo se está convirtiendo en un movimiento político “facho”.
¿Qué es “facho”?. “Facho” proviene del término
“fascista”, atribuido a quien profesaba el fascismo,
la ideología totalitaria y corporativista surgida en Italia en la década de
1920. Todo fascista es “facho”, pero no todo “facho” es fascista. Es un
individuo psico-cultural antes que un militante político. El “facho” es la reacción
al “pensamiento o lenguaje políticamente correcto” imperante en el mundo desde
las décadas de 1960 y 1970. La reacción contra los “progres” y, en nuestro
entorno, contra los anti-fujimoristas.
Frente al “pensamiento o lenguaje políticamente
correcto” surgieron dos reacciones: quienes defienden la pluralidad de
opiniones y reivindican la libertad de pensar con criterios propios (me
considero adentro) y los “fachos”, decididos a regresar hacia la pre-modernidad
en plena post-modernidad. ¿Cómo son los “fachos”?. Curiosísimos: machistas,
racistas, sexistas, homofóbicos, xenófobos, misóginos y gerontofóbicos. También
anti-liberales, anti-demócratas y anti-institucionales.
Como describiera la filósofa alemana Hannah Arendt
sobre el fascismo, los “fachos” son la alianza entre la “elite” y la “chusma”.
“Elite” entendida como personajes de la política, la intelectualidad, el
periodismo, el deporte o el arte, que tienen pergaminos académicos o se creen cultos.
“Chusma”, personas des-individualizadas que no son nadie al interior de las
masas, pero alcanzan un sentido de pertenencia siguiendo a la elite.
Entonces, ¿qué es el fujimorismo cuando sus
congresistas reaccionan intolerantemente contra quienes los desafían política,
cognitiva y culturalmente?, ¿qué es el fujimorismo cuando sus seguidores llenan
de insultos y vulgaridades las redes sociales Facebook y Twitter contra
quienes no piensan como ellos?. Un movimiento de seres odiadores, acomplejados
y resentidos.
Un movimiento “facho”.


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