Fantasy Island era una serie de televisión de los Estados Unidos, muy popular a finales de la década de 1970. Ha tenido una reedición hace un par de años.
Básicamente, la trama consistía en viajeros que arribaban en hidroavión hacia una isla donde todas sus fantasías podían hacerse realidad. Empiezo a pensar que los sectores “de derecha” en Perú viven en una “isla de la fantasía”.
Por ejemplo, las bancadas “de derecha” en el Congreso consiguieron aprobar por insistencia una “ley que reconoce derechos al concebido”. Según esta norma, el concebido es una “persona sujeta de derechos” y goza de “identidad propia, identidad genética única e irrepetible y una personalidad independiente de la madre”. Esta ley modifica el Código Civil de 1984 reconociendo al concebido "derecho" a la dignidad, la vida, la integridad propia e independiente de la madre gestante, etc. Por último, en cuanto a la salud obstétrica de la madre, permite que en situaciones de peligro para la vida de la gestante y el concebido, corresponde a la madre o el cónyuge “decidir respecto a los actos médicos a ejecutarse”.
Insistida con votos de otras bancadas, los sectores “de derecha” pasaron por encima de las observaciones del Gobierno nacional. El Ministerio de la Mujer -no le falta razón- califica que esta ley es un retroceso en la protección de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. En realidad, es la concreción parcial de la plataforma reivindicativa del movimiento social pacato “Con mis hijos no te metas”, con el cual coincide mucha gente en sectores “de derecha”. Se considera “pro-vida”, vive obsesionado con la palabra “género”, anhela “cargarse” hasta el aborto terapéutico y cree que combatir las uniones entre parejas del mismo sexto es “defender la familia”.
A primera vista, la ley aprobada no sería inconstitucional. La Constitución de 1993 señala que el “concebido es sujeto de derecho en todo cuanto le favorece”, a diferencia de la Constitución de 1979 que decía “Al que está por nacer se le considera nacido para todo lo que le favorece”. Sin embargo, es una pésima ley, porque fue redactada con un alucinado sesgo filosófico “pro-vida”. ¿Cómo atribuirle “personalidad”, “integridad” o “identidad” al concebido?. Todas esas cualidades son, mínimo, propias de un ser humano en formación, no de alguien quien ni siquiera ha nacido. Pretender que los actos médicos se ejecuten sólo si el embarazo arriesga la vida tanto de la gestante como el concebido es absurdo. Si fuese así, una niña que concibiese a causa de una violación sexual, cuyo embarazo pondría en riesgo próximo su vida, pero a largo plazo la vida del concebido, estaría “condenada a muerte”.
¿Qué piensan los sectores “de derecha”?, ¿realmente, creen que los abortos clandestinos desaparecerán, no habrán más casos de violación sexual y todas las mujeres serán felices gestando?, ¿están convencidos a que la gran mayoría de connacionales quiere que las bancadas “de derecha” en el Congreso legislen para complacer a “Con mis hijos no te metas”?.
Bienvenidos
a la “isla de la fantasía”.
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