Prensa sinvergüenza ("ESPECIAL")


Según cifras oficiales, el número de contagiados por la pandemia viral COVID-19 en el Perú se acerca a los dieciséis mil. Se aproxima a mil cuatrocientos el número de hospitalizados y los muertos son cuatrocientos. A su vez, se evidencia la terrible crisis económica en ciernes, el desempleo descomunal, la quiebra masiva de empresas y el empobrecimiento masivo.

Sin embargo, casi todos los medios de comunicación y sus periodistas parecen decididos, no a informar la verdad sino a difundir propaganda. ¿Por qué?. Desde el retorno a la democracia en 2001 en los medios de comunicación primó la “amoralidad”: por complacer a jefes, servir a intereses políticos, conseguir aplausos fáciles o sólo llenarse los bolsillos, muchos hombres y mujeres del periodismo de distintas ideologías mintieron, denigraron, hostigaron o desprestigiaron impunemente. La “corrupción periodística”, como lo llamé siempre, ha sido alentada y aprovechada por el Gobierno nacional de ese “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018. Cierto, siempre hubo honorables excepciones y si antes alguno estuvo en la “amoralidad” y hoy está del lado de la verdad, es meritorio de reconocimiento.

Con un formato copiado de España, la oficina de prensa del Palacio de Gobierno escoge por “sorteo” en la red social WhatsApp cuáles medios de comunicación podrán participar con sus preguntas, que son enviadas previamente y esa oficina las selecciona. Las preguntas aprobadas serán formuladas al “aventurero”. No hay preguntas difíciles o comprometedoras. Por eso jamás escuchamos que pregunten al “aventurero”, por ejemplo, sobre las pruebas de despistaje donadas por el magnate chino Jack Ma o aquellas compradas por el Ministerio de Salud el mes pasado y todavía no llegan al país, por qué prometió un decreto legislativo para ascensos póstumos de militares muertos por la pandemia si no sabes realmente cuántos efectivos del Ejército (incluido el generalato) y la Policía Nacional están contagiados, por qué aplaudió la absurda intervención policial a una vivienda en Lima, donde una familia celebraba con música y “aislada” el cumpleaños de uno de sus integrantes, o por qué el Gobierno no permite que fabricantes textiles del emporio comercial de Gamarra puedan confeccionar mascarillas o ropa protectora para médicos y enfermeras, beneficiando a importadores.

A diferencia de España, acá ningún gremio mediático o ninguna asociación periodística ha protestado por el ultraje de este Gobierno. Es más, casi todos los medios de comunicación viven clamando al “aventurero” por mayor publicidad estatal. Ahí están las partidas de dinero para grandes televisoras, radioemisoras y periódicos y hasta las visitas del Presidente del Consejo de Ministros a sus sedes. Por eso publican encuestas de opinión “tendenciosas” o dudosamente creíbles, a gusto del “aventurero”. Por eso sus periodistas levantan y ocultan información, a la medida del Gobierno. La reciente muerte del ex congresista Glider Ushñahua, quien falleció víctima del virus es escandalosa, pero no fue convenientemente resaltada, porque revela la pésima acción de despistaje de casos positivos del virus por el Gobierno. Las protestas de médicos y enfermeras por falta de camas, equipos para cuidados intensivos o material de protección sólo las informan cuando son demasiado notorias. Los pedidos gubernamentales de fosas para enterrar cadáveres en Lima y Lambayeque no existen.

Mientras, esos medios de comunicación nos distraen con los infractores al Estado de Emergencia y el toque de queda, la CTS, el Sistema Privado de Pensiones, los peajes de las concesiones viales, la “suspensión perfecta de labores”, las elecciones generales de 2021, el servicio delivery, los pagos en la educación privada, etc. Cualquier cosa, menos el drama de enfermos, fallecidos y necesitados.

Cuando pase está pandemia, como ciudadanía debemos exigir cuentas a esos medios de comunicación y sus periodistas. No aceptar que se “enjuaguen”, como durante la Transición. El Perú merecerá un nuevo periodismo.


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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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