América Latina está convulsa
desde meses atrás.
Empezó en Honduras con
protestas estudiantiles en Tegucigalpa y San Pedro Sula contra el “espurio”
gobierno de Juan Orlando Hernández y su vinculación familiar con el
narcotráfico. En Ecuador la eliminación del subsidio a los combustibles desató
una feroz protesta indígena contra el gobierno de Lenin Moreno, que dañó
considerablemente Quito. El subsidio no se eliminó.
En Chile, donde una protesta
estudiantil contra un alza de la tarifa del Metro de Santiago, se convirtió en
una orgía de vandalismo y destrucción, que ha asolado Santiago, Valparaíso,
Concepción, Temuco y otras ciudades. Aunque las multitudinarias protestas han
menguado, la violencia continúa en aumento y hace tambalear el gobierno de
Sebastián Piñera. Finalmente, Colombia, donde un paro general contra el
gobierno de Iván Duque ha sido el catalizador de violentas protestas juveniles,
que ha causado pillaje y barbarie en Bogotá y Cali.
Bolivia, que mediante
potentes protestas cívicas consiguió la caída de Evo Morales, el sátrapa que
gobernó ese país desde 2006, ha enfrentado violentas protestas y cercos a La
Paz, El Alto y Cochabamba ocasionando desabastecimiento de alimentos y
combustible. Desde su exilio en México, Morales aún pretende la caída del
gobierno de Jeanine Áñez y su vuelta al poder.
¿Por qué en el Perú no
ocurre un “estallido social” semejante?. Algunos factores podrían explicar la
realidad peruana. Primero, en cierto modo, la población está entretenida con un
show barato difundido por los medios
de comunicación llamado “lucha contra la corrupción”. Ahí están los procuradores,
fiscales y jueces de la “operación Lava Jato” investigando y encerrando
políticos, empresarios, abogados, burócratas, etc. Personalmente, esta “lucha
anticorrupción” no arribará a nada concreto y muy pronto lo comprobaremos, pero
mucha gente siente que “se avanza”.
Todas las protestas son
contra presidencias impopulares. En el Perú ese “aventurero” llegado a la
Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018 tiene
alta popularidad y sería absurdo pretender su caída. El “aventurero” hará lo
que sea para continuar con la popularidad elevada. Con la Comisión Permanente
del Congreso disminuida, por haber forzado la disolución de la Cámara y
convocado a comicios parlamentarios para enero, ahora el “aventurero” culpa por
la ineptitud de su Gobierno al ¡Poder Judicial!.
Por último, el Perú es un
país bastante “centrista” (los “rojos” y “rojimios” dirían “derechizado”): la
mayoría de políticos y la opinión pública no quieren “cargarse” la democracia
restaurada en 2001 ni el modelo económico heredado de la década de 1990. La
población quiere mayoritariamente una vida tranquila, segura y próspera.
Desconfía de “experimentos económicos” y le repelen llamados al saqueo, el
incendio o la destrucción, porque evoca los recuerdos del terrorismo comunista
en la década de 1980.
Por supuesto, hay problemas
y descontento en el Perú, pero se expresarían libremente en las ánforas, no en “estallidos
sociales”. Amen
si es así.

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