El “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República se ha echado encima a la Iglesia Católica.
Su Eminencia, el cardenal Pedro Barreto, arzobispo de Huancayo, en declaraciones para la radioemisora privada RPP, dijo -sin matices- que el “hombre sin sombrero” debe renunciar, porque su Gobierno está “lleno de ladrones”. También pidió al Congreso aprobar la reforma constitucional para recortar el mandato presidencial y parlamentario y posibilitar prontas elecciones generales.
Barreto (de quien tengo mala opinión, pero no importa ahora) es el máximo jerarca de la Iglesia Católica en el Perú. Pertenece al “ala progresista” del alto clero. “Apuntaló” la candidatura presidencial del “hombre sin sombrero” (cuando vestía sombrero) durante la campaña electoral del año pasado con un “compromiso por la democracia…”. Ya este año intentó, con el psiquiatra Max Hernández, apelar al Acuerdo Nacional de 2002 y promover un “diálogo”. Incluso dijo que el “hombre sin sombrero” le prometió un cambio de gabinete ministerial. Sin embargo, ninguna promesa se cumplió, no hubo más encuentros y, encima, fue tildado de “miserable” por el viejito “hitleriano” Presidente del Consejo de Ministros. Barreto dijo que la reciente denuncia por corrupción administrativa al Ministro de Salud fue “la gota que colmó el vaso”.
En agosto la Conferencia Episcopal Peruana, órgano de reunión del alto clero (Barreto es vicepresidente) pidió públicamente una “reforma política” para salir de la crisis basada en un diálogo entre el Gobierno nacional, el Congreso y la sociedad civil antes que la violencia gane a la paz y la gobernabilidad. También pidió la renuncia del “hombre sin sombrero” por sus casos de corrupción administrativa. Ese comunicado enfadó al congresista Waldemar Cerrón, medianamente formado en el marxismo, quien amenazó a los obispos con imitar en el Perú los ataques bestiales que en Nicaragua ejecuta la dictadura de Daniel Ortega contra la Iglesia Católica: nada visto en América Latina desde Fidel Castro en Cuba entre 1960 y 1962.
Las palabras de Barreto fueron respondidas por el corrupto ex presidente regional de Junín, Vladimir Cerrón, comunista estalinista, quien despotricó de Su Eminencia y el alto clero, además de cuestionar las disposiciones del Concordato de 1980 entre el Perú y la Santa Sede.
A diferencia del “hombre sin sombrero”, un ignaro “comunista de manual”, los hermanos Cerrón saben que la Iglesia Católica es un temible enemigo. Barreto no ha hecho más que expresar el sentir de fieles católicos, además de obispos, párrocos, vicarios, misioneros, monjas, etc., hartos del “hombre sin sombrero” y su incompetente, corrompido e ideologizado Gobierno. Los hermanos Cerrón saben que la Iglesia Católica aún tiene mucha influencia política y social en el Perú.
Quizá saben
sobre el general Juan Domingo Perón, derrocado en 1955 por los militares de
Argentina, quien se echó encima a la Iglesia Católica un año antes y ésta se
convirtió en enemiga de su régimen. Después Perón diría: “A mí no me sacaron las botas sino las sotanas”.
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