Por fin, el Presidente de la
República decretó el Estado de Emergencia en los seis distritos de la provincia
de Islay, Arequipa, convulsos por las violentas protestas contra el proyecto
minero Tía María, a cargo de la empresa minera Souther Perú Cooper Corporation.
En Lima, “rojos” y “rojimios”
están furiosas: ¡“Así no se enfrentan los
conflictos sociales”!, ¡“El Estado de
Emergencia sólo favorece a Southern”!, ¡“Se
está criminalizando la protesta”!, etc. Para estos señores, señoras y
señoritas, la única alternativa era “suspender” el proyecto (contratos-leyes,
¡qué importan!) y dialogar con quienes protestan “legítimamente”.
¿Por qué la furia?. Simple, porque
se acaba con la mentira del “conflicto social” y se trata los graves sucesos
como lo que realmente son: conmoción política o conmoción interna y la
Constitución de 1993 contempla el Estado de Emergencia para enfrentarlas. No
importa que la haya originado: es deber del Gobierno nacional restablecer el
orden alterado y normalizar la vida de la población.
Para los “rojos” (siempre hay excepciones),
la excusa del “conflicto social” que siempre azuzan con el viejo método
leninista de la “vanguardia revolucionaria” que “concientiza a las masas” y “agudiza
las contradicciones” ha sido casi perfecta para golpear el modelo económico
heredado de la década de 1990 que odian. Por eso el boicot de proyectos de
inversión privada en minería, hidrocarburos, agricultura y forestación. No es
una lucha proletaria-campesina como antes (eso ya no genera simpatías) sino una
“lucha verde” por el medio ambiente.
De otro lado, para los “rojimios”,
“conflictos sociales” son la reedición post-moderna de la fantasía
revolucionaria que no pudieron o nunca se atrevieron a ejecutar, bajo la actual
excusa “democrática”. Consideran que todas las protestas son legítimas y casi
nunca condenan la violencia. Jamás ven infiltración política ni penetración
ideológica: sólo gente peleando por “sus derechos”. Ergo, si esa izquierda
moderada que “entiende” los “conflictos sociales” llegase al poder, haría las
reformas necesarias para evitarlas. Sí, cómo no.
Realmente, la gran mayoría de
peruanos y peruanas tiene legítimas preocupaciones y malestares, pero quiere vivir
en paz y tranquilidad. Son minorías activas dirigidas por líderes fanatizados o
inescrupulosos, alentadas por canallas radiofónicos (oh, esas estaciones de
radio) y financiadas por algo o alguien quienes siempre bloquean vías,
destruyen propiedad pública o privada, cobran cupos para esas ridículas “ollas
comunes”, fomentan la violencia, saquean negocios, golpean o intimidan
disidentes, atacan a los policías y hasta son capaces de matar. Así ha pasado
ahora con las salvajes protestas de trabajadores de las negociaciones
azucareras Tumán y Pomalca en Lambayeque o la empresa minera Hierro Shougang en
Ica. Allí no ha habido nada revolucionario sino revueltas alentadas por oscuros
intereses.
En cualquier caso, son hechos de
conmoción política o conmoción interna y debe primar el imperio de la ley. Los “conflictos
sociales” NO existen.

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