Empresas y elecciones


Habló Jorge Barata dentro de la investigación fiscal por el “escándalo Odebrecht”, los actos de corrupción de la empresa constructora brasileña Odebrecht en el Perú entre 2005 y 2014.

Barata era el representante de Odebrecht en el Perú y, según su reciente declaración desde Brasil ante los fiscales peruanos que investigan casos de “lavado de activos” relacionados a Odebrecht, la poderosa constructora financió campañas de varios candidatos presidenciales en las elecciones generales de 2006 y 2011. El financiamiento habría provenido del siniestro “departamento de operaciones estructuradas”, un área de caja de la empresa destinada a pagar sobornos. Por ahora se desconoce si Odebrecht también financió candidaturas parlamentarias, regionales y municipales.

La financiación se realizó a través de intermediarios. Pesquisas posteriores determinarán si el intermediario entregó el dinero a los tesoreros de campaña o se lo quedo. Del mismo modo, la fiscalía deberá determinar fehacientemente si los intermediarios -y, por ende, los candidatos- sabían o no si la financiación provenía de “operaciones estructuradas” para así configurar el escenario de “lavado de activos”, conforme al Código Penal de 1991. De lo contrario, según la Ley de Partidos Políticos de 2003 (reformada en 2015), la financiación ilegal conlleva una “sanción administrativa” al partido o movimiento político.

El accionar de Odebrecht sorprende, pero no es inédito en el Perú. Hace más de treinta años don Dionicio Romero, confesó públicamente que, durante la década de 1980, su Banco de Crédito del Perú, el banco privado más importante del país, financió las campañas electorales del APRA, el Partido Popular Cristiano y Acción Popular.

¿Es necesario que empresas financien campañas electorales?. Partamos de la realidad: en todas las democracias del mundo las campañas electorales cuestan cada vez más y acá NO inventaremos la fórmula para abaratarlas. Por eso muchos abogados o politólogos defienden la financiación por el Estado, pero en países con (aún) tantas carencias es políticamente difícil justificar la entrega de dinero público a partidos y movimientos políticos.

Personalmente, se debieran eliminar los topes a la financiación de campañas por parte de individuos o empresas. Cuando se ponen topes, siempre habrá formas de burlarlos. Los falsos aportantes, por ejemplo. Financiación ilimitada, pero “bancarizada”. Nada de rifas, cenas, cócteles ni eventos de recaudación encubiertos. Que una empresa financie alguna campaña electoral, pero mediante depósito o transferencia. Cualquier aporte fuera del sistema financiero debería ser considerado de “origen ilícito” y sancionado con la figura delictiva de “financiación ilegal de partidos o movimientos políticos”.

Todo quedaría registrado en el sistema financiero y al alcance del periodismo. Así sabríamos cuáles empresas están detrás de ciertas candidaturas. Si alguna empresa pretendiese evitar que su nombre comercial apareciera y dividiese la financiación entre terceros, también sabríamos a quién señalar.

¿Qué opinan ustedes?


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