Tu odio

Junto a sus 73 nuevos congresistas, doña Keiko F., ex congresista e hija mayor del ex dictador Alberto Fujimori, reconocía públicamente su derrota en la elección presidencial ante el economista y ex ministro de Economía y Finanzas, Pedro Pablo Kuczynski.

En esa conferencia de prensa, Doña Keiko volvió a argumentar que perdió por el “odio” de sus adversarios políticos. ¿Qué tan cierto es aquello?

El odio es un sentimiento profundo e intenso de antipatía, disgusto, rechazo, enemistad o repulsa hacia algo o alguien. Puede basarse en el miedo, justificado o no, y manifestarse en enojo. Para el psicoanalista austríaco Sigmud Freud, el odio era un estado del yo que desea destruir la fuente de la infelicidad. De ahí que la Psicología defina el odio como una expresión duradera de animosidad, ira y hostilidad. Obvio, el odio no es justificable racionalmente, porque atenta contra la posibilidad de diálogo y construcción común, porque puede provocar deseos de destrucción.

Por ejemplo, Sendero Luminoso tenía un lenguaje de odio. Para los senderistas, el mundo era un lugar pérfido, porque estaba dominado por “clases sociales”, a quienes las fuerzas de la historia y el universo (según la interpretación marxista-leninista-maoísta de Abimael Guzmán) habían condenado y era “deber revolucionario” eliminarlas. Este permanente discurso reduccionista justificador de la “guerra popular” quitaba al prójimo humanidad y lo “cosificaba”. Así los senderistas no sentían culpa, remordimiento o compasión. Por eso no discriminaban a sus víctimas: mataban civiles o uniformados, políticos de izquierda o derecha, empresarios o sindicalistas, intelectuales o estudiantes, sacerdotes católicos o pastores evangélicos, etc. Todos debían morir por la “gloriosa revolución”.

Este lenguaje no fue propio del terrorismo senderista. Hubo quienes con poder político, influencia mediática y prestigio militar o policial pregonaban entre la población la necesidad de “matarlos a todos”, “no hay derechos humanos para 'terroristas' (quienes creían que lo fuesen)”, “en toda guerra hay 'excesos' (dependiendo de qué fuesen)”, etc. El odio conlleva más odio.

Hoy, ¿quiénes incentivan el odio?, ¿quiénes gozaban con las sucias columnas de opinión del viejo abogado Andrés Bedoya Ugarteche (fallecido en 2012)?, ¿quiénes aplauden el patético mensaje “anti-caviar” (reducido ya a la defensa irreductible de la dictadura de Alberto Fujimori)?, ¿quiénes elitistamente quieren “conciliación” y no “reconciliación”?, ¿quiénes narran el golpe de estado del 05 de abril de 1992 igual que un “cuento infantil” y creen que hay “dictadores buenos”, como el psicólogo Dante Bobadilla?, ¿quiénes gustan oír los sermones intolerantes del cardenal de la Iglesia Católica, Juan Luis Cipriani?, ¿quiénes se creen en una “cruzada” post-moderna anti-gay, anti-aborto y anti-laica?, ¿quiénes llenaron el Internet y las redes sociales Facebook y Twitter con mentiras, sofismas, vituperios e insultos contra quienes no piensan como ellos?, ¿quiénes se disfrazan de “liberales”, pero son fujimoristas fanáticos?.

Pobres “odiadores”.

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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