A 25 años del 13 de noviembre ("ESPECIAL")

En este Perú de olvidos perennes e ignorancia constante, conviene recordar un suceso histórico poco conocido: el fallido contragolpe del 13 de noviembre de 1992.

Pretextando miseria, terrorismo y corrupción, el 05 de abril de 1992, Alberto Fujimori, el Presidente de la República desde 1990, apoyado por su asesor de inteligencia Vladimiro Montesinos y el alto mando de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, derogó la Constitución de 1979, cerró el Congreso, intervino el Ministerio Público y el Poder Judicial, “reorganizó” la Contraloría General de la República, desactivó el Consejo Nacional de la Magistratura y el Tribunal de Garantías Constitucionales, disolvió las asambleas regionales y recompuso el Jurado Nacional de Elecciones. Con aplauso popular, pero condena internacional.

Dos oficiales del Ejército, los generales Jaime Salinas Sedó y Luis Soriano, quienes fueron pasados a retiro bajo Fujimori se horrorizaron por el golpe y la influencia de Montesinos, que había sido espía y abogado de narcotraficantes. Transcurridos los meses reclutaron a varios oficiales del Ejército (la mayoría de los conspiradores), la Marina de Guerra y la Fuerza Aérea, activos y retirados. Incluía jefes de regiones militares y oficiales con mando de tropas.

Aunque era una conspiración militar, había civiles involucrados. El plan era simple: capturar a Fujimori y confinarlo en la Base Aérea de Pisco, “eliminar” a Montesinos y destituir al general Nicolás Hermoza, comandante general del Ejército. Se restablecería la Constitución de 1979, se entregaría el poder al senador Máximo San Román y se convocarían a elecciones generales para el año siguiente. Los decretos-leyes estaban preparados.

La operación empezó la noche del 12. El “centro de comando” estaba en una casa de Surquillo, Lima. Sin embargo, al no llegar el oficial que encabezarías las acciones durante la madrugada del 13, Salinas Sedó ordenó posponer el contragolpe. La dictadura estaba enterada. Montesinos y Hermoza ordenaron al general Luis Pérez Documet capturar a los conspiradores. Hubo desplazamiento de vehículos militares por Lima. Instintivamente, Fujimori se escondió en la residencia del embajador japonés.

Todos los conspiradores fueron confinados en la cárcel Miguel Castro Castro. Después fueron llevados al antiguo Cuartel Bolívar. Los periodistas Alejandro Guerrero y Alfonso Baella Tuesta se encargarían de “reescribir” los hechos. En 1993 el entonces Consejo Supremo de Justicia Militar dictó sentencia por rebelión y hasta intento de homicidio (todo payaso, Fujimori mostró en TV el fusil con el cual, supuestamente, “pretendían matarlo”) y los reos fueron llevados a la cárcel de la Fortaleza Real Felipe en el Callao. Varios serían indultados meses después. En 1995 Salinas Sedó y quienes seguían presos fueron amnistiados.

En 2001, en democracia, Salinas Sedó, Soriano y demás fueron “reivindicados”. Para los reincorporados, en 2005 el Congreso aprobó una ley para ascenderlos al grado inmediato superior, pero en 2007, tras sentencia del Tribunal Constitucional, el gobierno de Alan García permitió el ascenso sólo hasta coronel y no a once de ellos. Hoy todos están retirados.

En 1994 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos pidió al Perú realizar nuevos juicios en el fuero militar contra los conspiradores, porque se violó el debido proceso, o dejarlos en libertad. No obstante, la Comisión no elevó el caso a la Corte por “presión” de la entonces embajadora peruana ante la Organización de Estados Americanos (OEA), la abogada Beatriz Ramacciotti, funcionaria servil de Fujimori. Tampoco se pagaron las indemnizaciones ni se anuló el “delito de rebelión” en los legajos, solicitados por la Comisión. En 2010 el Tribunal Supremo Militar-Policial archivó todos los casos amparándose en la prescripción.

Al final, la Historia juzgará el 13 de noviembre de 1992.


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