Domingo 10 de junio de 1990.
Segunda vuelta electoral presidencial. El escritor Mario Vargas Llosa, favorito
en intención de voto por meses, es vencido por el oscuro ingeniero agrónomo
Alberto Fujimori, por quien seis meses antes nadie hubiese dado un centavo.
Este artículo no intenta explicar
cómo Fujimori llegó al poder sino cómo y por qué el pueblo peruano se lo concedió.
El Perú de 1990 era muy diferente al actual. La inflación anual era 5,000% y el
PBI, -12%. El Estado estaba colapsado. El déficit fiscal era astronómico, las
reservas internacionales eran negativas, el desempleo era monstruoso y las
empresas eran muy improductivas. Controles de precios, cambios e importaciones desaparecieron
bienes esenciales e imperaba el mercado negro. La pobreza alcanzaba al 60% de
la población.
Además, la violencia terrorista
de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru no se detenía:
bombas, asesinatos, secuestros. Las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional ya
combatían bien al terrorismo, pero la sensación general era de un país en
implosión. La democracia del APRA, el Partido Popular Cristiano, Acción Popular
y la Izquierda Unida había terminado en corrupción, caos, miseria y ruina. Un
sector del electorado vio en Vargas Llosa un cambio hacia la modernidad, pero
otros estaban desesperanzados y desconcertados.
Fujimori apareció con una imagen
sencilla y frases simples de campaña (“Honradez,
tecnología y trabajo”, “Un presidente
como tú”) subiendo rápidamente en intención de voto a semanas de la primera
vuelta, el domingo 08 de abril. Contra todo pronóstico, Vargas Llosa no ganó
por mayoría e iría a la segunda vuelta con el hijo de inmigrantes japoneses. A
partir de ese momento, el gobierno aprista y políticos de izquierda lo usaron
para detener a “la derecha” y preservar la política populista que databa de
1931. Los apristas pusieron a Fujimori asesores de campaña y los izquierdistas,
asesores programáticos. Apristas movilizaron la maquinaria partidaria, e
izquierdistas la base sindical y “social”. Como Fujimori era pésimo orador, los
apristas hasta trajeron un maestro de oratoria español para enseñarle a hablar.
Todo mientras seguía el ataque al odiado candidato adversario.
Finalmente, Fujimori ganó más por
el miedo a Vargas Llosa o la desilusión con el Perú que por persuasión o
esperanza. A poca gente importó quién era, de dónde salía o qué quería, antes
del 28 de julio cuando asumió. Entonces era tarde: el 08 de agosto aprobó el
temido ajuste económico, que tanto criticó al enemigo. Comenzó a forzar la
Constitución de 1979 y atacar al Congreso, el Ministerio Público, el Poder
Judicial, la Contraloría General de la República, el Consejo Nacional de la
Magistratura, el Tribunal de Garantías Constitucionales y las asambleas
regionales. También a partidos políticos y sindicatos. Al mismo tiempo, ganaba
adeptos entre el gran empresariado, la familia castrense y la población
frustrada o enojada con la democracia. Así llegamos al golpe de estado del 05
de abril de 1992.
Que la Historia no se olvide.

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