¿Ha oído sobre la “Comisión Lava Jato” del Congreso,
la cual periodistas como Milagros Leiva tanto defienden?.
Al margen del Ministerio Público y el Poder Judicial,
la Cámara aprobó el año pasado la conformación de una comisión investigadora
del “escándalo Odebrecht” y la trama de investigación “Lava Jato” sobre la
corrupción de las empresas constructoras brasileñas en el Perú, entre 2005 y
2014. En la comisión están dos congresistas expertos en señalas defectos
(políticos) ajenos: Mauricio Mulder y Víctor Andrés García Belaunde. El
vicepresidente es Jorge Castro, un alfil de la facción de izquierda radical del
ex sacerdote católico y congresista Marco Arana. La presidenta es representante
de la mayoría absoluta fujimorista: Rosa Bartra, una dama cuya “petulancia” me
parece chocante.
Por cierto, Bartra es criticada actualmente, porque -junto
a otros nueve congresistas de su bancada- habría “intentado” impedir el
allanamiento de la fiscalía a dos locales partidarios del fujimorismo en Lima.
Ha trasgredido el Código de Ética Parlamentaria de 2003 -y, quizá, hasta el
Código Penal de 1991-, pero la mayoría absoluta fujimorista la protegerá.
¿Para qué ha servido la “Comisión Lava Jato”?. Hasta
ahora, para nada útil. Cita a tal o cuál persona. Pregunta y no pregunta.
Señala o no señala. Casi un año y aún no hay informe preliminar. A decir
verdad, se parece a la anterior “Comisión Lava Jato”, instalada en 2014 por el
Congreso, presidida por el entonces congresista Juan Pari, cuyo (malísimo) informe
final en minoría es constantemente “levantado” por periodistas como Leiva.
En nuestra breve y atribulada historia democrática,
las comisiones investigadoras parlamentarias para poquísimo han servido. Ha
habido excepciones: en 1967 la Cámara de Diputados aprobó la conformación de
una comisión para investigar el contrabando de productos suntuarios a través de
los bazares militares, que presidió el diputado Héctor Vargas Haya. Incluso la
comisión entrevistó al entonces presidente Fernando Belaunde en el Palacio de
Gobierno. No hubo informe final, porque sobrevino el golpe de estado de 1968.
Entre otras razones -según comidillas políticas-, para evitarlo.
En el año 2000, caída la dictadura de Alberto
Fujimori, el Congreso conformó una comisión investigadora sobre la red de
corrupción del ex asesor de inteligencia, Vladimiro Montesinos. La presidió el
entonces congresista David Waisman. Pese a no tener experiencia política,
sorprendió con una presidencia muy correcta. Con el Congreso elegido en 2001, la
comisión pasó a ser presidida por la entonces congresista Anel Townsend, quien
no lo hizo mal.
Sin embargo, la peor comisión investigadora
parlamentaria que ha habido hasta ahora fue la llamada “mega-comisión” para
investigar el gobierno de Alan García (2006-2011), presidida por el entonces
congresista Sergio Tejada. Abarcó mucho, apretó poco y apretó mal. Las
conclusiones del informe final tras cuatro años en 2015 fueron escasas y
absurdas. Gastó demasiado dinero y fue inservible.
¿Así acabará la “Comisión Lava Jato”?. Posiblemente,
sí.

No hay comentarios:
Publicar un comentario