La quinta prórroga ("ESPECIAL")

Habló de nuevo y, mejor, se hubiese quedado callado.

Me refiero a ese “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018. Volvió con su “conferencia de prensa” televisada de mediodía para anunciar que prorroga por quinta vez el Estado de Emergencia, el toque de queda y el “aislamiento obligatorio” decretados en todo el Perú desde quincena de marzo para contener la pandemia viral COVID-19 en el país. Sin embargo, entre titubeos, palabrería sobre su niñez (¡qué nos importa!) y enredos verbales, dijo que esta prórroga es diferente: “ciudadanía hacia la nueva convivencia social”, la “nueva normalidad” y un montón de palabrería postmoderna.

La quinta prórroga es hasta el martes 30 de junio y modifica el toque de queda: en todo el país comienza, entre lunes y sábado, desde las 9:00pm hasta las 4:00am. La excepción: Tumbes, Piura, La Libertad, Loreto y Lambayeque, donde empieza a partir de las 6:00pm. Ahora esa salvedad incluye Ucayali, Ica y tres provincias costeras de Ancash. Domingos sigue total. Ya el toque de queda no se entiende por el virus sino por el temor del Gobierno a protestas callejeras nocturnas. Además, el “aventurero” prometió miles de camas y unidades de cuidados intensivos más en hospitales (no cumplirá), dijo furioso que su Gobierno “no oculta muertos” (los cuestionamientos a la inverosímil cifra oficial de fallecidos provienen de medios de comunicación extranjeros y agencias internacionales de noticias) y anunció que entramos a la fase 2 del reinicio de actividades económicas (¿cuándo salimos de la fase 1?) y se permitirá la venta online de ropa, calzado, artefactos eléctricos, útiles escolares, libros y útiles de oficina, además de los servicios de odontología, oftalmología, rehabilitación física, medicina veterinaria, carpintería, plomería, lavandería, ferretería, reparación tecnológica y peluquería y salones de belleza. No aclaró cómo, pero la Ministra de la Producción dijo que serían “a domicilio”.

No obstante, el anuncio más asombroso fue el reinicio de “deportes profesionales que no sean de contacto”. Nadie entendió al “aventurero” hasta que mencionó fútbol profesional. ¿Acaso no hay contacto físico entre jugadores en la cancha, los camerinos o las duchas o durante las sesiones de masajes o las jornadas de entrenamiento?. Mucha gente cree que el lobby de la Federación Peruana de Fútbol y el interés político del Gobierno para mantener distraída a la población han motivado esta decisión.

¿Qué llamó la atención en el monólogo del “aventurero”?. Primero, no podía pronunciar la palabra “cuarentena”. Está temeroso por la reacción social ante demasiados días de confinamiento y paralización económica. Hace dos semanas hablaba triunfalista sobre el “pico” y la “meseta” de la pandemia, pero todos los días continúan aumentado las cifras oficiales de contagiados, hospitalizados y fallecidos, que en el Gobierno no saben cómo explicarlas. Segundo, la expresión “mayores y mejores facilidades para la vida diaria” parece destinada a una minoría adinerada y “gobiernera”, que está en casa, tiene ingresos fijos, hace teletrabajo y sale sólo para comprar en un supermercado o una farmacia. ¿Una persona desempleada, con o sin hijos, sin ingresos fijos, casi sin ahorros o endeudada, preocupada por si alcanzará el dinero el próximo mes, la próxima semana o mañana, puede decir o sentir que el “aventurero” le habló cuando anunció la quinta prórroga? No mencionó más los bonos. ¿Un pequeño, micro o mediano empresario, que está viendo cómo su negocio se hunde en la quiebra, está endeudado y no recibe un sol del cacareado plan de reactivación económica (el dinero sigue “atorado” en COFIDE o los bancos), puede decir o sentir que el “cantinflesco” vástago de su mamá le habló cuando anunció la quinta prórroga?.

He ahí el punto: un rasgo del psicópata es la falta de empatía hacia el prójimo. Al “aventurero” no le interesa nadie más que él y su ambición por permanecer en el poder. Lo digo y lo repito: el Perú está en manos de un psicópata y nada bueno podemos esperar.

 


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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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