¿Amenaza golpista?

“¡Nunca más habrá otro golpe de estado en el Perú!”, lo dijo durante una entrevista televisada el almirante Jorge Montoya, ex jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas.

El Ejército ordenó “inamovilidad” para tropas acuarteladas en Lima y otros lugares del país, a raíz de un escándalo por robo de municiones. Corrieron rumores (¡esas “bolas limeñas” virreinales!), promovidos por un irresponsable editorial del diario Perú21 y algunos anti-demócratas, que el generalato “coqueteaba” con la idea de un golpe. Tanto el Presidente de la República como el Presidente del Consejo de Ministros desmintieron esas suposiciones.

¿Nunca más volverá a haber otro golpe de estado en el Perú?. El último golpe fue el 05 de abril de 1992: esa noche el presidente Alberto Fujimori sacó soldados y tanques de guerra a las calles y, en vivo por TV y radio, dio un “manotazo” destructor a la Constitución de 1979, el Congreso, el Ministerio Público y el Poder Judicial, la Contraloría General de la República, el Consejo Nacional de la Magistratura y el Tribunal de Garantías Constitucionales, las asambleas regionales y el Jurado Nacional de Elecciones. Además, impuso censura periodística, allanó locales de partidos políticos y sindicatos, arrestó opositores, etc. Ese golpe no hubiese sido posible si el ex asesor de inteligencia Vladimiro Montesinos no le conseguía “aliados” militares, policiales, empresariales y diplomáticos y, sobre todo, no creaba el contexto político y social propicio para hacerlo. Todos coinciden que hoy no se viven las circunstancias de entonces.

Quizá Montoya se refiera al golpe de estado “clásico”, como en 1948 y 1968 o uno de las “instituciones castrenses”, como el golpe de estado de 1962. Si así fuese, la comunidad internacional ya no tolera caudillos uniformados sentándose en una silla presidencial. Ocurrió en Ecuador con el golpe de estado del año 2000.

Ya no es posible un golpe sin legitimación política. No hablo de esa escalada de protesta social y violencia urbana en Argentina, Venezuela, Bolivia, Ecuador y, recientemente, Guatemala que culminó en renuncias o destituciones presidenciales forzadas. En Honduras el golpe de estado de 2009 los militares derrocaron al presidente Manuel Zelaya (quien planeaba desconocer la Constitución de 1982) al amanecer y lo embarcaron en un avión rumbo a Costa Rica y el mismo día los diputados nombraron al sucesor, Roberto Micheletti. Hubo quienes dijeron que no fue golpe, pero la condena internacional fue fulminante y sólo acabó con la asunción del sucesor elegido con comicios libres: Porfirio Lobo.

Reconforta que el APRA, el fujimorismo, el Partido Popular Cristiano, Somos Perú, Acción Popular, Perú Posible, Alianza para el Progreso, Solidaridad Nacional, Unión por el Perú y otros publicaran una declaración conjunta condenando cualquier intento para que Su Excelencia no cumpla el mandato, afirmando que el Congreso no legitimaría nada y advirtiendo que los golpistas serían severamente castigados.

Si esa madurez política sigue, definitivamente, nunca más habrá otro golpe de estado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Noviembre 1992 / noviembre 2020

Artículos COVID-19 (2020)

Artículos anteriores